martes, 7 de mayo de 2013

SIN TI

El abc de tus labios ha enmudecido mis recelos, tu saliva se ha convertido en mi caligrafía favorita.
Soy monja
con minifalda, 
rostro de actriz, 
orgullo
con las bragas bajadas,
Madrid
en hora punta,
oveja
con piel de lobo,
mujer golpeada.
Soy una china
en tu zapato, 
una lamida de boca
inesperada, 
el poema 
que siempre
querrías leer, 
tu contradicción, 
hormigón en el agua. 
Soy peso 
sobre mi pecho, 
reserva para dos 
y novia plantada. 
Soy quien sin ti
ha perdido
el aliciente
de irse a la cama

lunes, 6 de mayo de 2013

BELLEZA Y LITERATURA: ¿QUIÉN CALIGRAFÍA LO BELLO?



El lenguaje, o más bien, los discursos, suelen encerrar en sí pequeños secretos y cláusulas abusivas que no siempre son fáciles de atisbar.

Teníamos quince años. Vivíamos esa época en que el valor lo establecía la marca de tus zapatillas deportivas. Nos creíamos los seres más especiales y a la vez, llorábamos por las esquinas nuestra mala suerte en el amor: Hugo había escogido a otra o había preferido el balón. Recuerdo que hablábamos de nuestro profesor de filosofía. Acababa de confesarnos entre El Banquete de Platón y la Metafísica de Aristóteles que pelaba las naranjas a bocados. Ese era justo el detalle que necesitábamos. Éramos adolescentes, las paredes de nuestros cuartos apenas sí se podían intuir entre tanto afiche, teníamos claro cuáles eran nuestros referentes en materia de belleza y don Justiniano se alejaba con creces de ellos.
“Es feo, pelirrojo, le derrapan las consonantes, ¿no has visto hasta qué altura se sube los pantalones? Además, se quiere hacer el gracioso, y lo único que provoca risa es la bata esa que usa. Ostias, esto no es un parvulario, ¡no le vamos a manchar con nuestros mocos!”. Nadia tenía claros sus argumentos.
Siempre he creído que las palabras más acertadas se encierran en la sencillez de quien las pronuncia, y mi amiga Susana es, desde que nos encontramos a los cinco años en aquel descampado, una de las personas más humildes que conozco.
“Pues a mí me no me parece feo –le interrumpió Susana–. No sé, yo creo que todo el mundo es guapo, si no es mala persona, además, ¿por qué va a tener que ser feo?”.
Quince años después, aún le sacamos estas palabras cuando se trata de valorar la belleza de un edificio o el último ligue de nuestro amigo Adrián. A veces la memoria de las amigas es peor que la hemeroteca de un medio de comunicación.

Cuando quiero tomarle el pulso a una ciudad le pregunto a un taxista, y cuando quiero conocer el porqué de las palabras que usamos, abro un diccionario [continuar]

Fragmento de mi artículo publicado en apartemagazine.es.

viernes, 26 de abril de 2013

VENTANAS

En el alféizar de la ventana descansan mis zapatos. Fuera se escucha el bote de un balón, la reminiscencia de mi infancia proyectada sobre una pequeña escuela. 
Siete macetas. No, nueve. Un par de visillos de metro ochenta. Un armario. Vasijas de Talavera sobre una estantería. Una televisión y el rostro de una vedette que anuncia el comienzo del programa. La mesa recién puesta. Para uno. La luz prendida en una pequeña lamparilla junto al revistero. Una mujer. Pelo gris. Cadera ancha y pechos cansados tras amamantar cuatro hijos y dejar que de ellos se colgara un marido que la abandonó cinco años después.
Como en un viejo teatro de postguerra alguien corre el telón carcomido por las polillas y el humo de cigarro. A este lado de la persiana se acabó el espectáculo. Nada de soledad, nada de pastillas para dormir ni de nietos que no recuerdan que ayer fue su cumpleaños.

Hace días que no la veo. Ya no se asoma y finge que yo no estoy mientras le habla al fantasma de su  hermano Paco. Tengo miedo de que la ventana haya dejado de ser para ella lo que es para mí: un acceso al mundo y a los demás. Temo que al no poder observarla me sienta solo en esta ciudad.

jueves, 11 de abril de 2013

EL HOMBRE GRIS

¿Sabes? A veces me pregunto que sería de mí si tú no te hubieras marchado, si no me hubieras cerrado las piernas aquella noche, si las acciones no hubieran aumentado.
A veces me imagino llegando a la oficina en bus, cruzando cual kamikaze la Castellana, compartiendo contigo un helado y riéndonos juntos a carcajadas cuando la fresa te caiga por la barbilla.
No siempre me ocurre, pero sí es cierto que hay veces en que se me resbala sin querer de los labios tu slowly y recuerdo cuando hacíamos el amor y regaba tu cuerpo con mi saliva. 

Y entonces recuerdo quién soy y que no son las personas sino el mercado quien que me interesa.

lunes, 1 de abril de 2013

SOBRE LA CAMA

Ni siquiera fue por sus rodillas o sus pechos con olor a limón. La mayor parte del tiempo ignoraba sus extensos escotes y hasta le molestaban sobremanera sus carcajadas. Nunca le pareció tan sexy aquel pequeño lunar sobre el labio, y no entendía por qué le hacía creer a todos que antes de llegar al bufete había sido bailarina en un cabaret.

Echado sobre la cama que le vio nacer, llora desconsolado. La misma cama en que se dejaron morir primero, su madre, y ahora, su mujer.

martes, 26 de marzo de 2013

PRINCESA DE CRISTAL

La princesa de cristal
se siente fuera de lugar
en este vagón
atestado de gente.
Ni sus zapatos DKNY
ni su bolso Louis Vuitton
saben de camisas de cuadros
y medias "3 por 5 euros";
por eso no sonríe,
manteniendo en tensión
el femoral
y los abdominales,
no pide perdón al pisar
o tolera el mal humor
del de al lado;
la princesa de cristal
se ha equivocado
de lugar
y ha entrado 
a formar parte 
de mi álbum de retazos
de esta oscura ciudad.

domingo, 10 de marzo de 2013

QUEREMOS DEJAR DE SER MUÑECAS RECORTABLES

Para mí, como mujer, existen tres lugares especialmente hostiles: los polígonos industriales, las paradas del autobús a última hora de la tarde y la Asamblea de Madrid. 
El pasado siete de marzo tuve la suerte de poder asistir gracias a María Espinosa Llave, al debate abierto en el parlamento regional de la Comunidad de Madrid con motivo de ese maravilloso día en que todas debemos sentirnos agradecidas por haber nacido mujer. 
Confieso que días como estos, y sus resacas, acentúan esa identidad en conflicto que como mujer consciente me golpea internamente y sin descanso. ¿Quién soy yo?, ¿Quién eres tú?, ¿Dónde comienzo yo y dónde terminas tú?, esa confusión de límites que la familia, la escuela o la televisión nos inculcaron desde niñas y a la que día a día nos vemos intensamente expuestas, lo queramos o no. 

Nada más pisar las instalaciones de la Asamblea de Madrid recibí el primer golpe: "y por favor, te comportas como una niña buena". Instalado el ring, sin haberme percatado siquiera, sonó la campana: él, un cincuentón vestido de PROSEGUR, yo, una mujer que ya no está dispuesta a que nadie se crea con el derecho de tutelarle y menos aún, a qué le digan cómo debe o no comportarse. Finalmente medí bastantes mis palabras porque iba en nombre de una compañera, y estaba allí por algo importante: apoyar al movimiento feminista representado aquella noche en la proposición no de ley que como diputada electa por Izquierda Unida, María Espinosa Llave iba a exponer en la cámara regional.

María fue presentada por un presidente escurridizo que huyó rápidamente dejando en su lugar una presidenta "en funciones", y he de decir que desconozco si ésta es la terminología apropiada, pero es la manera más elegante y diplomática que se me ocurre para describir un hemiciclo casi desierto, colgado de un teléfono móvil y desintegrado en corrillos.
No voy a comentarles cada una de sus palabras, argumentos que me parecen no sólo interesantes, sino de vitales y urgentes, y no voy a hacerlo no porque crea que pueden conocer el contenido de su intervención en la web de la Asamblea de Madrid*, sino porque, simple y llanamente, fui incapaz de prestarle atención.

Durante la hora que duró el, seamos generosas, seamos cínicas, ¡llamémoslo debate!, me convertí en una especie de robot cortocircuitado bloqueado en un mismo mensaje: "esto no puede estar pasando". Y es que lo vivido en la Asamblea de Madrid es un ejemplo bastante gráfico de aquello con lo que cada día nos toca lidiar a las mujeres y hombres que trabajamos por la igualdad en esta sociedad.

Hablemos de mujeres que son golpeadas, que cobran un salario menor por las mismas funciones, y recibiremos aspavientos y risotadas. Saquemos el tema de la economía de cuidados, de su condena a los bajos fondos y falta de reconocimiento legal y monetario, y frente a nosotras se posicionarán arrogantes los diputados y diputadas en pequeños grupos hablando de banalidades. Nombremos el aborto, el derecho de las mujeres a hacer lo que consideren oportuno con su cuerpo, pongámosle cara al patriarcado y hablemos de sus secuaces, que en este lado del mundo privilegiado meten mano a nuestra intimidad y a nuestros estómagos a través de los recortes sociales, y nos veremos abocadas a rogar a una presidencia enemiga -si al menos queremos escuchar nuestra propia voz-, que por favor llame al orden.

Día a día me toca escuchar en la radio, la televisión y los corrillos del súper, que son tiempos difíciles, que toca apretarse el cinturón y evitar gastos innecesarios. Debe ser una casualidad que los derechos de las mujeres estén perfilados por delgadas líneas discontinuas. Su reconocimiento fluctúa al son que marcan los ciclos del capitalismo, y son siempre recortables. Más que derechos humanos y universales, parecen una concesión, un regalo que una mano santa desde el cielo, El Vaticano, o un sillón presidencial, nos han hecho en ocasiones por haber sido buenas.

De nuevo en el hemiciclo, María cometió un gran error, y exigió al partido de Unión, Progreso y Democracia, la destitución inmediata de Toni Cantó, no sólo como diputado, sino lo que es más vergonzante, como portavoz de su partido en la Comisión de Igualdad del Parlamento. 
"Nuestro diputado en el Congreso de los Diputados ha pedido perdón, y me parece que ha dicho la diputada, que si no lo destituimos nos convertimos en portavoces de la violencia. No voy a pedir que lo retire porque para retirarlo tiene que tener una mínima dignidad de la que estoy seguro que ella carece" (Luis de Velasco, portavoz de UPyD en la Asamblea de Madrid)**.
No vaya a creerse este diputado que ha inventado nada. Atacar nuestra dignidad, creerse incluso con derecho a otorgarla o arrebatárnosla, es algo con lo que nos enfrentamos diariamente cuando nos llaman putas, cuando nos dicen que mucho más guapas estamos calladas, cuando rechazan nuestras opiniones por no ser racionales o por mancharnos las bragas.
Resulta intolerable que personas que está pagando sus facturas con dinero público, que al parecer nos representan, acusen a mujeres víctimas de violencia de género de falsear sus lesiones, su miedo a que él llegue a casa, su bajo autoestima, su depresión, y llame mentirosos a todos sus familiares, echando cal viva sobre sus heridas y sobre el recuerdo de aquellas que por callar o alzar la voz, han perdido la vida. 

Soy consciente de que hay gente que quería celebrar un día de flores y bombones, el triunfo de la respeto y la igualdad entre hombres y mujeres, pero permítanme que les diga que ese día aún no ha  llegado.

Por ello, para mí, ningún 8 de marzo es día para celebrar, es sólo un nuevo día más de lucha.Y no porque lo diga la ONU o la Comunidad de Madrid, voy a mirar hacia otro lado y voy a permitir que me nieguen que está habiendo recortes sociales que afectan a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Tampoco voy a tolerar, ya sea por 24 horas o quince minutos, que justifiquen el abandono de quienes se están haciendo cargo de las personas dependientes -las mujeres- ni voy a admitir que continúen negándonos nuestro derecho libre y gratuito a abortar.

Y si en realidad, como decía el segurata de la entrada, soy una niña mala, me van a disculpar, pero es que me gusta pensar por mí misma.

* Intervención María Espinosa Llave: 7 horas 10 minutos.
** Derecho de Réplica UPyD: 7 horas 20 minutos 25 segundos

Puedes leer éste y el resto de mis artículos en Pikara Magazine.

martes, 19 de febrero de 2013

PREMEDITADO Y A SANGRE FRÍA

El drama es que se imponga sobre ellas el recuerdo de que nunca fueron lo suficientemente importantes, importantes para vivir y para ser resarcidas.

 "(...) Pistorius ha seguido la lectura de su testimonio llorando y cabizbajo (...) el deportista estaba desconsolado, hasta el punto que el juez se ha apiadado de él y ha ordenado un receso de unos minutos para que se serenara o pudiera hablar con sus familiares. “Lo siento, lo siento”, se ha podido oír al atleta decir entre sollozos cuando el magistrado le preguntaba si podía seguir en la sala. 
El padre, el hermano, una hermana, tíos y amigos han seguido toda la sesión con rostros compungidos e incluso musitaban plegarias, como el mismo Pistorius. El abogado también se ha hecho eco de la declaración de los mejores amigos de la pareja, que han coincidido lo mucho que se querían, que “juntos disfrutaban inmensamente” y que nunca, en su corto noviazgo, les habían visto discutir o quejarse uno del otro. Es más, Pistorius “nunca había sido más feliz con Reeva que con sus otras novias” (...). Además, uno de los mejores amigos de Pistorius recuerda que el atleta le habría comentado recientemente que Reeva podría ser “la que un día se convirtiera en su esposa”, algo que, según la amiga más cercana de la víctima, a ésta le hubiera encantado y hubiera respondido que sí". 

 Fuente: El País 

Si el asesino/maltratador se llama Manolo y vive en Villacañas, la reportera entrevistaría a sus vecinos: «era muy buena persona», «lo daba todo por ella y por su familia», «jamás se les escuchó una palabra más alta que otra», y cerraría la pieza con el número víctimas ese mes por violencia machista. 
Si el presunto autor se llama Oscar Pistorius -y entonces se recalca bien el "presunto"-, la historia no es que cambie pero saca a relucir todas las contradicciones del discurso machista de andar por casa de los medios de comunicación. 

Como Pistorius es el héroe nacional de una comunidad minoritaria y blanca en África y el prototipo del hombre blanco europeo capaz de superar cualquier adversidad y lograr el éxito, el hecho de que presuntamente haya disparado a su novia provocándole la muerte, ha producido un pequeño revuelo internacional. 
Se han organizado tertulias paralelas en los telediarios, programas especiales en prime time y decenas de editoriales en los principales periódicos. Pero, ¿para reparar a la víctima? ¿Para analizar el porqué de esta violencia contra las mujeres? No, para que la honestidad de este hombre triunfador no pueda ser cuestionada. 

Frente al juez, Pistorius llora desconsolado. Manolo también podría haberlo hecho cuando le visitó la Guardia Civil. Todos sus amigos lo atestiguan, ya sean futbolistas del Manchester City, ya sea la cuadrilla del Bar "Los Montes": «la quería con locura, era lo más grande, su mujer». Y por supuesto, lo afirman con rotundidad conocidos y amigos, ni Reeva ni la mujer anónima se quejaron jamás del trato de sus parejas, pero nadie se pregunta si es eso posible cuando se convive con el miedo a morir. 

Las víctimas son una y otra vez agredidas y golpeadas, sufren humillaciones incluso después de muertas, una auténtico ataque a su condición humana premeditado y a sangre fría. No queda rastro de ellas en las noticias, nadie las nombra. De Reeva no se sabe más que su profesión y su nombre, y la prensa la define como una modelo con aspiraciones de protagonizar un programa de televisión. El drama no es que cada día millones de mujeres sean víctimas de algún tipo de violencia machista. Tampoco que muchas de ellas pierdan la vida a manos de un hombre. El drama no es que su ausencia sea envuelta en silencio. Primero una capa. Después otra capa. Decenas de vueltas que aseguren al culpable la impunidad. El drama no es que nadie pueda alzar la voz por ellas, que se imponga sobre ellas el recuerdo de que nunca fueron lo suficientemente importantes, importantes para vivir y para ser resarcidas. 

El drama en los medios es que Pistorius deja a los sudafricanos, a los amantes del atletismo y a los hombres occidentales, huérfanos de un líder al que seguir. El drama es que al renunciar a participar en las próximas carreras a causa del proceso judicial abierto por el asesinato de su pareja, el atleta de 26 años no podrá competir en Australia, Brasil, Estados Unidos y Manchester

Y es que las peores evidencias de los medios de comunicación una las descubre cuando está enferma. Llevo varios días en casa, calmando mi soledad y mi malestar con la caja tonta. A las cuatro de la tarde, Pistorius volvió a ser el tema central de un programa: "Es que su novia iba a entrar en un reality, igual este buen hombre tenía miedo de, por su discapacidad, no estar a la altura de las circunstancias".  

Es aberrante escuchar como alguien es capaz de justificar de esa manera la violencia sobre las mujeres, el que no sólo se les arrebate la vida, sino la dignidad, y que además de todo ello, la víctima sea sólo nombrada en un segundo plano como el cristal que se quebró accidentalmente y que dejó al descubierto que el muchacho travieso aún estando castigado, había salido a jugar al balón. 

De verdad, todo esto me da asco. 

Fuente: Pikara Magazine

lunes, 4 de febrero de 2013

IMPOSIBLES

Le amé.
Me rasgó la ropa
y me dejó tirada
en un aparcamiento.


Le abracé
cuando él lloraba
mientras recordaba
como no le protegió
su madre.

Le defendí.
Me pidió dinero
se compró un buen vino
y me exigió
estar solo.

Le cuidé.
Cicatricé sus heridas,
amedrenté sus miedos
y él me contagió
su odio,
su desesperanza.

Le perdoné.
Justifiqué
sus gritos,
sus golpes,
sus faltas.


He amado a tantos cabrones que ahora que tú me amas, me abrazas, me defiendes, me cuidas y me perdonas, se me antoja imposible desprenderme de ti.

lunes, 21 de enero de 2013

NO ES NO

Que un día mi cabecita efervescente se planteara intercambiar fluidos contigo no me convierte en tu polvo en la recámara.

«Es como la que se pone escote y luego espera que le miren a la cara». Entiendo que debe ser realmente complicado para un hombre entender las lógicas que día a día y de manera silenciada, sufrimos especialmente esa otra mitad de la población a la que denominan «las mujeres». Habitualmente les escucho hablar sobre ese "ser extraño", que no es otra cosa que sus madres, sus parejas, sus amigas, personas cotidianas y fundamentales en sus vidas que se difuminan y pierden el rostro cuando lo que se cuestiona es su manera -injusta, casi depredadora- de relacionarse con ellas.

Aquella tarde, lejos de casa, no quise jugar la baza del «aquí está mi chico, tu vecino» porque eso habría sido darle la razón. Pero me sentía tan cansada que estuve tentada a hacerlo. Los hombres deberían respetarme por lo que soy no por lo que represento dentro de este indeseable sistema patriarcal que nos constriñe. No quiero ser más «la hija de», «la hermana de» o «la novia de fulanito». Quiero que tengas en cuenta mi decisión y sobre todo, que la respetes.

Durante aquellos días me pareció divertido, diferente. Me gustaba sentirme deseada de esa manera tuya tan irracional, que me escribieras a cualquier hora sólo para decirme que no podías dejar de pensarme. Me dije que por qué no probar, agarré los dados que soltaste sobre mi escritorio y dejé que me pasearas por el tablero.

Si salgo de noche tengo que sufrir a los «moscones de discoteca», auténticos acosadores nocturnos que no aceptan jamás un «no» por respuesta. Con frecuencia cuando un hombre intenta seducirme, me veo obligada a demostrar que mis «nos» son «nos» sin condiciones, como si la conquista de mi corazón -o mi entrepierna- incluyera terribles pruebas de resistencia.  
Chantajes, manipulaciones, existen hombres que no salen de casa sin sus instrucciones sobre «Cómo comportarse para arrancarle esa «última» cita que tanto deseas. 1.- Invítala a un café y rápidamente responde que sólo una bruja sin corazón podría negarse». Él sabe que eres una santa, que te educaron para no herir a nadie, y quiere aprovecharse, quiere desvirgarte sin contemplaciones. 

Las mujeres no podemos disfrutar con libertad de nuestra sexualidad. Si renunciamos al modelo de «mujer beata» dejamos de poseer nuestros cuerpos. Nos convertimos en putas, sus putas, mujeres a su servicio. Mujeres cuyos «nos»ya no valen nada. 

Varios meses después yo puse mis ojos en otro cuerpo y nuestra «historia» a fuerza de obligarme perdió toda su intensidad. Ya no era divertido, ya no era un juego, era la imposición imposible de un príncipe caprichoso que no quería reconocer que lo que sostenía sobre sus manos no era ya más que un juguete roto. «Quiero jugar, quiero jugar, y tú también tienes que querer conmigo porque un día quisiste». «No quiero hacerlo, no voy a hacerlo más, por favor acéptalo y no me molestes». 9 meses después aún recibo sus mensajes pidiéndome «hacer las paces».

Convénzanse de que por mucho que rellenen mi copa, eso no va a convertirles en alguien más apetecible. ¿En serio quieren restregarse a toda costa con alguien que piensa que despiertan el mismo interés que un chimpancé rascándose las pelotas? 

Que un día mi cabecita efervescente se planteara intercambiar fluidos contigo no me convierte en un polvo en tu recámara. Asúmelo de una vez y deja de acosarme. No es No.

Puedes leer éste y el resto de mis artículos en Pikara Magazine.

sábado, 19 de enero de 2013

LADRONES


Mi escritura es libre, indomable, irreverente, a veces te condena con su halitosis, otras te deja un delicioso sabor a menta en la boca. Te golpea, te acaricia, y al igual que yo, jamás esconde dobles verdades. 

Mi terapeuta suele decirme que no racionalice mis emociones, que las deje salir, que insulte, escupa, empuje y que no utilice una vara distinta para medir mis acciones de las de otras personas. En definitiva, que sea más humana que robot, más justa conmigo misma y menos flexible con los otros.
Por eso me sorprende que haya quien piense que escupo reproches entre sustantivo y sustantivo, que mis enunciaciones van cargadas de dobles intenciones o que la moraleja de mi cuento anime a lanzar piedras a la ventana de quien un día osó hacerme daño. Aunque, si así fuera, ¿qué habría de malo?

Siempre he pensado que mi mayor virtud es la escritura, que no hay ejercicio de catarsis más eficaz que rellenar un folio en blanco. Que las emociones me definen, que nada le sienta mejor a mis caderas que un buen verso, que si un día nuestros caminos se cruzaron fue porque ambos, tú y yo, necesitábamos intercambiarnos saberes por alimento. El saber de los besos, el alimento de cuanto en esta vida nos queda por aprender.

He de confesar que nunca he sido capaz de hacer daño a nadie. Miento. Hubo una vez que con 5 años derramé sobre el pelo de una compañera de parvulario medio litro de pegamento. Aún reina la duda del porqué. He de confesar que he sido una estúpida. Que jamás tapaba mi rostro cuando iban a golpearme. Que ponía la otra mejilla hasta sonrojarme. Por ello me sabe tan ridículo que alguien me tache de querer dañar a alguien o de vivir resentida. 

Estrella -mi estrella- que así se llama mi terapeuta, suele decirme que las agresiones de otros son las proyecciones de sus propios complejos sobre ti, que si las palabras de otra persona te hieren es porque algo tocan que tú sin querer saberlo, también sientes. Por ello me supo tan ridículo que me escribieras más de un año después de tu partida, porque si ya no formas parte de mi vida es obvio que eso fue lo mejor que pudo pasarnos a ambos.

He de confesar que en mi vida no encuentro nada de lo que avergonzarme. Miento. Hubo una vez  a los 26, que me morreé bien borracha con un tipo que no me gustaba nada. El pobre cayó enamorado, yo no supe jamás cómo quitármelo de encima. 

No voy a disculparme por agrupar letras y formar palabras, no voy a rectificar nada de lo aquí dicho para agradar al personal, no voy a justificar ficciones, historias basadas en hechos reales o pedazos de mi diario. Mi escritura es libre, indomable, irreverente, a veces te condena con su halitosis, otras te deja un delicioso sabor a menta en la boca. Te golpea, te acaricia, y al igual que yo, jamás esconde dobles verdades. Soy transparente como el vidrio que ahora deja pasar la luz de la farola junto al aparcacoches. No tengo nada por lo que postrarme o pedir perdón, y si algún día observas que sale fuego de mi boca telegrafiada, puede que sea cierto y quiera desahogarme, o puede que crea el ladrón que todos son de su condición.


Este blog es un espacio libre que no acepta indicaciones sobre qué o qué no puede ser publicado en él.

lunes, 14 de enero de 2013

FUI YO


No le ha bastado, ha querido saber más del pasado y ha cogido el ordenador. No puede saber si realmente fue simpática, si le sigue queriendo, si será cierto que es fácil suplantarla, si les pasará lo mismo, si fue ella quien le compró aquel edredón.

Él le habló de su pasado de metro cincuenta, de su flojera aquel 15 de enero, de las adversidades, de que se desenamoró. Restó importancia a sus encuentros, sus poesías, sus idas y venidas a la ciudad del amor. Nunca fue tan bonita, ni tan dulce, ni inteligente, ni encontrarás entre estas sábanas su sabor. Sus ojos eran opacos, su sonrisa impasible, sus besos sabían a nada y además, kilómetros les separaban, sencillamente, fue bonito mientras duró.

Pero eso no le ha bastado, ha querido saber más del pasado y ha cogido el ordenador. Ha tecleado nombre, apellidos, y el resto lo ha hecho el buscador. Moderna, periodista, creativa, extenso currículo. No puede saber si realmente fue simpática, si le sigue queriendo, si será cierto que es fácil suplantarla, si les pasará lo mismo, si fue ella quien le compró aquel edredón. Parece buena chica, es guapa, inteligente, se vende bien y tiene un blog.

Hola, Pamela, sí, soy la niña imantada, la que durmió sobre su pecho, con quién soñó en viajar y engendrar hijos, la que le amó. Soy atractiva, interesante, buena en la cama, hermosa, tierna, y aquella a quien él adoró. Te deseo las mejores de las suertes, sus lindos regalos, sus sonrisas, que jamás te sientas sola y perdida volviendo a casa, y que ames tranquila y confiada porque todo trae siempre algo bueno, o al menos eso pienso yo.

Y ahora soy yo tu presente, un recuerdo borroso, maquillado, una vieja bufanda, un poema, las fotos de un viaje, del mismo modo en que tú fuiste antes el pasado de alguien.



miércoles, 9 de enero de 2013

PENÉLOPE

Pensemos en cosas tristes. Niños que mueren de hambre. La Amazonia reducida a nada. Mineros sin dióxido que exhalar. Un tiroteo en los Uniteds. Aquella gran discusión con tu mejor amiga. Cuando Alex te rompió el corazón. Los meses que estuvo sin hablarte. 

¿Has pensado en volver a la piscina? Bucea sin gafas y en la ducha, ¡los ojos debes frotarte! Eres alérgica a las gramíneas, aunque, claro,  encuentra un campo de trigo entre tanto hormigón... 

Creo que lo has llorado tantas veces que ya no te quedan lágrimas.

"Recuerda, en cualquier momento puedo llegar", y era tan grande el espacio de tiempo que acabó siendo la eternidad. 

 Y la pobre aún espera. Como Penélope en la estación del AVE.

miércoles, 2 de enero de 2013

LA NAVIDAD SUPERA LA FICCIÓN


En contraposición a ellos nos educan a nosotras, haciéndonos creer que si queremos ser alguien dentro de nuestras familias debemos amoldarnos a elementos prototípicos propios de nuestra naturaleza. 

Las cenas de Navidad en familia esconden entre sus buenos deseos y el mazapán, relaciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres. Desde la cocina hasta los temas de conversación, todo está expresamente medido para que el protagonismo sea heredado de padres a hijos y de estos, a los nietos. 
En mi familia los primogénitos de cada generación son considerados atractivos, jamás tuvieron un kilo de más, si se equivocaron es porque son humanos, y si decidieron comportarse de manera rebelde durante su adolescencia o su madurez siempre se encontraron respaldados porque “estuvo justificado”. Por lo general, no tienen estudios, se sientan “a mesa puesta y mesa quitá” y pueden exigir cuanto se les antoje, incluso pueden permitirse el lujo de no manifestarlo porque de manera inequívoca lo recibirán de manera espontánea gracias a aquellos y aquellas que velan porque sus necesidades y caprichos estén siempre cubiertos. 
En contraposición a ellos nos educan a nosotras, haciéndonos creer que si queremos ser alguien dentro de nuestras familias debemos amoldarnos a elementos prototípicos propios de nuestra naturaleza: las mujeres no protestan, están siempre solícitas, acatan que el orden de las cosas ya viene dado y por supuesto, jamás cruzan la línea roja que separa el “deber ser del varón” con el suyo propio. 
Profesional liberal, sonriente, de corazón noble, independiente, generosa, siempre dispuesta a echar una mano, comprometida socialmente e inteligente. El orgullo de cualquier familia de puertas para fuera, la hija, nieta o sobrina que obtuvo el primer título universitario de la familia, que viaja a lugares del mundo que ninguno sabe localizar en el mapa, que parece no tener miedo de nada ni de nadie, el hito de la modernidad entre amistades y vecinos, pero cuando se cierran las puertas, se apagan las luces y ya no importa quién aguarda al otro lado del telón… somos invisibles. 
Y como somos invisibles carece de todo sentido que aguardemos la llegada de la cena en el salón, nuestro lugar está en la cocina. Cortamos turrón, preparamos el guiso, ponemos la mesa, mientras los hombres en el sillón debaten sobre política, fútbol o economía, escogen qué botella de vino se abrirá primero, en definitiva, toman las decisiones. 
Si somos niñas, desde la distancia alabarán lo trabajadoras que somos, como desde tan pequeñitas exigimos a la abuela tareas para quitarle trabajo y preguntarán si todo está listo, cuánto más deben esperar. Mientras, los niños jugarán felices en las calles, se golpearán -porque es para lo que han sido educados- y picotearán en sus visitas de fuentes y recipientes que aguardan sobre la encimera a ser servidas por las suaves manos de una madre. 

Durante años creí ignorante que algún día alguien vería más allá de la mujer sonriente y responsable que siempre se acuerda de todas y de todos, pensé que, finalmente, alguna de las personas que cada Navidad se encuentra aquí reunidas, abriría los ojos y me pediría algo más que mi ayuda en la cocina, el servir los cubatas antes del primer pitido o mi sonrisa educada y resignada tras escucharles por decimocuarta vez sus “ay, madre, esta niña, ¡pero cómo no vas a necesitar tener novio!”. Incluso creí, ilusa de mí, que por el simple hecho de ser cómo soy recogería algún día los frutos de su amor. Pero ya estoy cansada. 

Brindo por un año en que ninguna mujer sea intimidada, explotada, golpeada, humillada o asesinada por ser mujer. Brindo por un año en que todos y todas podamos ser sencillamente nosotros y nosotras mismas. Brindo por un año sin prejuicios, un año de igualdad, combativo. Brindo por un 2013 feminista.

domingo, 21 de octubre de 2012

LA CARRERA DE LOS EX

En la vida, como en todo, los hay sprintianos, especialistas en la carrera de fondo, quien echa mano de las bolsas de sangre para manejar su mono* y quien prefiere retirarse sin más y esperar a que el cuerpo vuelva a ponerse a tono.
No importa mucho el tiempo que haya pasado, el reencuentro con un ex siempre despierta extrañas sensaciones. A pesar de tener bien claro que aquello que sentiste se ha terminado, cruzártelo por la calle, saber de él por bocas de otros o descubrir en Facebook que tiene nueva chica, suele convertirse en un viaje obligado a un tiempo pasado que no necesariamente tuvo que ser mejor. Entonces una hace balance y se siente orgullosa de lo bien que supo dejar atrás aquella cosa, de los errores cometidos, de lo que jamás debió suceder y de cómo aquel túnel que parecía no tener fin un día desembocó en una hermosa pradera.
Más allá de imágenes románticas y halagadoras, es cierto que también el tren hace parada obligada en los tiempos en que la premura por conocerse lo hacía todo emocionante, lo interesante que parecían las conversaciones y en esos días en que la efervescencia no os permitía salir de la cama ni dejar de pensar que lo vuestro sería eterno.

Una vez visionada la vida pasada en fotogramas la cabeza vuelve a aquella chica anónima que ahora ocupa las sábanas y el corazón del que un día fue el galán de tu novela: "Pues es guapa", "Tiene cara de ser del sur", "¿A qué se dedicará?, "Umm, foto de pareja, ¿pero esa postura-abrazo no era sólo nuestra?". Y aunque a veces caemos en la estúpida condena impuesta socialmente únicamente por el hecho de ser mujer -"Pero yo aún no tengo pareja, ¡qué sola estoy, dios mío!"- minutos después a veces una se sorprende diciéndose al oído: "A ver si ahora tú te lo aguantas".

*Síndrome de abstinencia.