jueves, 24 de noviembre de 2016

UNA INFELIZ CON COMPLEJO DE PUCHING BALL

La única manera de curar mi miedo al maltrato es enfrentándome a las personas que me maltratan

Trabajo con personas. Personas trabajando en grupo. Negar el conflicto sería la mayor de las estupideces. Lo quiera o o no, el conflicto está presente en mi centro laboral, y en mi relación de pareja, con mis amigos, mi familia... y es fácilmente reconocible entre aquellos que cruzan acelerados cualquier paso de cebra de la Gran Vía madrileña. 

El conflicto surge, nos sacude, aunque a menudo hacemos como que no ha pasado. Le quitamos hierro, sólo ha sido un ligero temblor, y nos justificamos pensando - ingenuas de nosotras-, que el papel resistirá, que no encontraremos su tinta perturbadora tras nuestra falsa pasada de página. Un consejo: no te engañes, no lo hagas, o acabarás encerrada en un bucle sin sentido, sin poder escapar a ese capítulo, a esa página.

La única manera de curar mi miedo al maltrato es enfrentándome a las personas que me maltratan. ¿Sencillo? A mí se me hace una montaña, pero si algo he aprendido en estos meses es que no hay camino alternativo al zigzagueado de la arena desde la ladera a la cumbre, y que la única manera de alcanzar la cima es habiendo sido clara con mi itinerario y con quién podía echarle -o no- un trago a mi agua.

En serio, puedes adornarlo con lucecitas -para que le duela menos a la otra persona-, poner tu voz más dulce o ser la más empática entre las empáticas, que no, no funcionará porque quien agrede no se da jamás por aludido, y además le importa un pito lo que tú puedas estar sintiendo o su responsabilidad en este juego. Pero sobre todo, no funcionará porque te estarás olvidando de algo fundamental en todo conflicto: te estarás olvidando de ti y de tus necesidades.

Si no te gustó la broma de tu amigo, díselo. Si estás cansada de ser la corre ve y dile de tus familiares, plántalos. Si no te sientes reconocida por tu pareja o amante, coméntale por qué y cómo te hace sentir eso. Si alguien te falta al respeto, te agrede, o pasa por encima de tus límites, exígele respeto y después mándalo a la mierda. Y hazlo por ti y por tu bienestar interior porque lo más macabro de toda esta historia no son sus palabras, su jeta o sus gestos, lo más macabro es la gran maleta de conflictos inconclusos que cargas. 
En serio, odio esta maleta que arrastramos y seguiremos arrastrando si no hacemos algo con ella, no sólo porque nos sintamos obligadas a cargar con ella, sino porque que además la jodía se revuelve y mezcla el color de ojos de tu jefe con lo nublado que estaba aquel día en que tu ex te gritó, y te convierte en una víctima potencial, una chica fácil para todo aquel que quiera dar cera y acabar un poco con su frustración.

No, nadie dijo que fuera fácil, pero ¿acaso hay otra alternativa? A menos que quieras seguir siendo una infeliz con complejo de puching ball toda tu vida.

domingo, 27 de marzo de 2016

A COSTA DE MÍ

Observo mi rostro en el reflejo. Aún cansada lanzó al aire mi último revuelco

No sé viajar sin combustionarme. No sé ni quiero. Conmigo viajan mis malas pulgas y mi timidez. Mi miedo, conmigo sostiene silencios, maquina bromas y conversaciones que no siempre surten efecto. Sólo quiero que me quieras bien, que dejes de ser el espejo de mi tartamudez, mis complejos

Sí, me gusta caminar sola, pero también sentir el roce de tu piel entre mis dedos. He descubierto que a veces necesito seducir para no sentir asco por mi cuerpo, y no sé por qué maldita puerta escapar, ¿quién ideó este jodido invento?

Por fin salgo de ti, Madrid me recoge. Sin querer, sin saberlo, deambulaste por mis calles, mis adentros. Utilicé tu nombre, tu figura, para dar forma y vida a los personajes que a ratos me atormentan, me conmueven: él que tanto me dolió, mi sumisa adolescencia. La familia que un día me abandonó o esta locura mía de protegerme a pesar de todo, a costa de mí.

Observo mi rostro en el reflejo. Aún cansada lanzo al aire mi último revuelco. Rabia y pudor. 

Afortunadamente ésta no siempre soy yo. 

lunes, 14 de marzo de 2016

POBRES NOSTÁLGICOS

Acaban de decirme que mi trabajo pende de un hilo. Mi móvil vibra: mensaje de whatsap, número desconocido. No me pregunten cómo ni por qué, pero me saltan todas las alarmas. 

Rápidamente busco las dos últimas cifras de ese +34 , lo único que recuerdo de él: 69. ¿Cuánto hace que me dejó? Por suerte ya ni me acuerdo. ¿Siete? ¿Ocho años? Ah, sí, sí, en aquella cafetería en Santa Engracia. Era invierno. Quizá noviembre. Habíamos sufrido ya varias idas y venidas y nuestra relación agonizaba por (mi) agotamiento. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida. Nunca podré agradecértelo lo suficiente ¡Menos mal que me plantaste, tío!

A la ruptura definitiva le sobrevino "lo normal": llamadas borracho cada sábado noche a las dos de la mañana. Interrupción del sueño. Mis lágrimas. Llamadas a las seis de la mañana un martes. Interrupción del sueño. Mis lágrimas. Llamadas la madrugada del 30 de enero. Interrupción del sueño. Mis lágrimas y un lamento: "¿por qué me haces esto? ¡Mañana es mi cumpleaños!". Hasta que un día fui capaz de tomar la decisión y enfrentarlo: bloqueé sus llamadas entrantes y entonces sí, mi vida pudo continuar, y también mi sueño.

No es que no lo haya querido citar, es que la memoria es muy traicionera y un poco culpable sí me siento. En estas idas y venidas, habíamos estado más de un año sin vernos. Un mensaje suyo "con nocturnidad y alevosía" (palabras textuales de uno de sus mensajes) había provocado nuestra primera reconciliación, y esa extraña sensación con regusto bueno de "fíjate tú, te ha estado queriendo en silencio todo este tiempo". (¡Error!)

Finalmente todo parece acabado, pero, no. Mi equipo gana la Liga. ¡Mensaje! Uno de los cantantes favoritos de nuestra época saca disco. ¡Mensaje! Él encuentra trabajo. ¡Mensaje! Y así, todo tipo de acontecimientos superfluos que una pueda imaginarse, sirven de excusa para que él me escriba y vete tú a saber qué cosa. Por supuesto, mi terapeuta que es muy sabia, ya con otro tipo del mismo calibre me había puesto en sobre aviso: "ni se te ocurra contestarle, busca eso. El maltratador siempre lo hace, tira la caña para ver si su víctima sigue enganchada al anzuelo, porque es la única forma que tiene de relacionarse con ella". Resumiendo, y a la baja, pongamos seis años de silencio absoluto, rotundo y claro por mi parte, ante sus, digamos, "reflexiones a vuela pluma". Silencio, hasta que hoy, que me ha hinchado -por última vez- las narices.

"Pepito el de los palotes ha sacado nuevo disco. Mi canción favorita es La casa de Heidi. Te la recomiendo". ¿Perdona? ¿Querrll? Ola ke ase? ¿En cuál de tus mundos de Yupi te he nombrado yo redactor de la Rolling Stone? ¿En serio te crees que tu puñetera opinión me interesa?

Sí, he sido soez. En un primer momento he pensado en no contestarle. Luego he caído en que las últimas seis veces eso no funcionó y he comenzado a contraargumentarle en un documento de Word. Me he ido calentado. Me he venido arriba y me he dicho: ¡a la mierda! Se acabó bajar la cabeza.

Obviamente le he escrito de todo menos bonito y he hecho hincapié en algo que a mí me parece fundamental para mi bienestar personal: que me olvide, que se entere de que es un puñetero maltratador y de que no quiero saber nada, pero absolutamente nada, de él. Su respuesta, muy previsible, se resumen en estas cuatro ideas: deleznable, frivolizar, exagerada, y mi favorita: “me he puesto nostálgico, ¿qué le voy a hacer?”.

Ahora en serio, ¿a alguien se le ocurre que cinco años después de haberte echado de malas maneras de un trabajo, tu jefe se ponga nostálgico un día y te escriba un email recordando lo bien que le hacías las fotocopias a doble cara? En serio, ¿has pensado alguna vez en escribir de manera periódica a tu ex, chico, chica o ser extraordinario caído del cielo, después de una relación tormentosa, de que se haya despedido de ti de manera digital y análoga, y sobre todo, cuando te ha demostrado con creces que pasa de tu culo como de comer arena?

Claro, el tipo se ha sentido superofendido y me ha venido a decir que como una vez me metí en su perfil de Linkedin y he visitado su Twitter ahora no puedo soltarle rollos de que no quiera conocer su opinión sobre  la situación actual de los Balcanes, de hecho, me ha dado una serie de tips para poder visitar sus perfiles en modo incógnito (¿?). Y es que de eso se trata: si una vez “permitiste” que él se impusiera sobre ti, estás condenada in perpetuuma a tener que aguantar su ego, a saber de él aunque no quieras, a soportarlo en silencio si es que no te rindes antes y acabas fingiendo ser su “amiga”; en definitiva, estás condenada -como ya lo estuviste una vez-, a dejar de lado todo el daño, a ser complaciente y aceptar como única alternativa la imposibilidad de réplica, porque ten en cuenta, si lo haces, si por tu parte hay respuesta, habrás exagerado, habrás atacado a un pobre desvalido que te escribió de “bueno rollo” o “para tomar un inocente café”, porque quizá ayer fue jueves y recordó vuestros paseos por el Reina Sofía o aquella noche en que hicisteis el amor en la Gran Vía, o lo que es lo mismo –recuerda- que él será siempre un pobre nostálgico y tú, una loca histérica.

jueves, 3 de marzo de 2016

¿QUIÉN COñO TE CREES QUE ERES?

Vuelves cual Guadiana y te reapareces de la misma manera, la mismita manera en que me hacías vomitarme el alma.

Recuerdo que me hacías esperar durante horas. Vivía pendiente de un hilo, pendiente de ti. Ahora sí. Ahora no. Bueno sí. Mejor que no. Mi tiempo no valía nada.
El tuyo era puro oro.
Sin embargo mi dinero... mi dinero era otra cosa. Experto en vivir de los demás, te las sabías todas para hacerme sentir culpable. Al final, siempre acababa pidiéndote disculpas por mis veinte euros en la cartera y, por supuesto, yo pagaba la cuenta.
Más de... -¿cuántos años? ¿Seis? ¿Siete? Ni si quiera me recuerdo- vuelves cual Guadiana y te reapareces de la misma manera, la mismita manera en que me hacías vomitarme el alma.
Pero esta vez no vas a ser tú el que gana. Te voy a mandar a la puta mierda, ese lugar que tú bien conoces, y que durante años miraste desde fuera mientras yo me ahogaba sintiendo tus ojos sobre mí, tus manos alrededor de mi cuello.

Compañera, cuidado, el maltratador siempre reaparece.

jueves, 4 de febrero de 2016

PRONUNCIARTE

La jara amaneció perdida, desorientada. Nadie le avisó de que aún hay escarcha helada sobre el tejado. A cinco horas de ti, Madrid, como cada lunes, bosteza sucia y cansada.


Ayer volví a vomitarme. Enredada por aburrimiento en algunos cajones me vino su recuerdo. Sus manos, su voz, su pelo. Todos alrededor del brasero y para tomar cervezas de lata y unas gambas. De él, que se marchó en marzo, unos días antes de su cumpleaños, aún mantengo el paso ligero, su voz prismática en una vieja grabadora y un fuerte dolor en el pecho. No creo que logre jamás olvidarte, no echarte de menos hasta morir al menos durante un -largo- instante.

Retraso el reloj. Busco una huida hacia atrás que alivie esta pena. Me imagino sin ti borrando de mis labios tu nombre. A mí que tanto me costó pronunciarte. 

Afuera todo asemeja primavera. Mis vecinos sonríen contentos. Pasean a su nieta ajenos a la fina mentira que soporta sus pies.

Ya no me siento fuerte. Esta vez no habrá final feliz para mí.

Me hubiera gustado salvarte.

jueves, 31 de diciembre de 2015

DEL OTRO LADO

Hoy que todos se aman, que no queda espacio para el silencio y el ayuno, siento más que nunca la necesidad de desaparecer.


Junto a la puerta: seis botellas de leche. El aviso de que bajo la niebla todo permanece. Puede que soplaras con fuerza, pero esta casa no es de palillos, cerda. El lobo con piel de cordero me recuerda que pese a que me haga la entera, mi respiración aún se entrecorta ante su aliento. Ya debería saberlo: la familia es la institución social más tenebrosa que existe. 

Mi cartón ha perdido los números. Mis caderas se me antojan más gruesas de lo que en realidad son. El Euromillón tocó en mi barrio el verano que no estaba en casa. Todos pronuncian su nombre como un triunfador. Mi abuela ya no me convida a chocolate. Todos saben que marché. Nadie pregunta nada. Las paredes de esta casa continúan impregnadas de su olor. Él siempre gana.

La pantalla de mi moderno smarthphone repiquetea. De fondo sopla Bill Evans. Cuando once años después me prometiste que siempre me amarías, jamás imaginé que fueras a hacerlo tan fuerte. Gracias a ti la primavera está aquí, hoy, 31 de diciembre.

Volver a casa es como un viaje sin retorno a la habitación de los horrores. Por suerte, nadar me relaja. Nadar con mis piernas peludas dejando que mis contracturas se pierdan en la claridad del agua. ¡Tantas personas esperanzadas! El fin de año ya está aquí y parece que el hacer balance les librará de la quema. Benditos... 

En esta ciudad los coches cubren las aceras. Del otro de la ventana, los hombres se besan y los comercios cierran. Dentro, mi buzón rebosa, los labios me saben a hierro gastado y ellos se afanan para que el nuevo año les pille -como quieren- confesados, mientras yo paso de tanta liturgia, yo te espero ya del otro lado.

jueves, 10 de diciembre de 2015

MUÉRETE

Las nubes han entrado a golpe de butrón en mi corazón, y de nada sirve que afuera el sol caliente o que la tele anuncie para esta semana anticiclón.
 
Mi cuerpo lleva semanas explosionando. Meses. Pero como suele ser habitual en mí, he achacado sus sacudidas a cuestiones externas, casi meteorológicas, como si no fuera conmigo la cosa.
 
Que ayer fuera incapaz de conciliar el sueño es sólo la punta del iceberg. Fue precisamente eso, mi incomodidad en la postura, quien me recordó que hace ya un par de meses planeé una huida: escapar de la ciudad, escapar un poco de mí y mi montón de planes impostergables. El resto, como siempre, es historia, porque mi agenda, repleta y mi autoexigencia son expertos en hacer traspapelar pasajes entre montones de libros y las hojas de mi calendario de pared.
 
Ser capaz de verlo, de reconocerme como abusadora de este cuerpo mío, instrumentalizadora de su energía, y responsable de la mordaza que calla mis necesidades, no es fácil para mí, y duele. Por eso cuando conseguí zafarme de la soga que me aprisionaba el cuello, y con monosílabos cobardes me confesé culpable, ascendieron las murallas de mi pena al escucharte decir: “pero, ¿y qué pasa conmigo?”.
 
Maldita culpa. Maldito sentimiento de abandono. Muérete.

viernes, 27 de noviembre de 2015

CAMINOS

Echo de menos aquellos tiempos de novios, de salir de la casa a vivir en las calles.

Camino rápido con paso ligero pero pisada fuerte. Trato de dejar al resto atrás, de encontrarme sola, para verme, para verlo todo en el paisaje, para sentirme mi mirada, lo que nadie puede intuir ni reconocer en un seto, una estatua, la arena. 

Camino por las piedras, cruzo fuentes que en perspectiva parecen siempre la misma, pero no lo son, como tampoco lo soy yo con el paso del tiempo. Su piedra es más rugosa, más lisa, la caída del agua aún está o se ha secado. Acelero para verlas en movimiento hasta que llega el momento, el momento de escribir, de observar-me-, mirar –me-, de parar. 

Recuerdo París, las calas, el monte, ¡hace tanto que no me pierdo, que no me escucho a mí! Descubro el soporte metálico que espera a que como higuera, trepe por él, creando intrincadas y múltiples combinaciones, y me siento agobiada, no quiero vivir esclava a una estructura. 

Deshago lo andado, vigilante arribo a una tierra nueva, de vapores, impenetrable y la observo, allí está ella, caballo salvaje, con su belleza exuberante, callada. Qué dificultad tan grande para un cuerpo tan delgado. La rodeo. Me alejo. No la quiero asustar, no sea que se marche. 

Me inclino. Recojo los frutos, brillantes, hermosos. Algunos servirán sencillamente para decorar, otros me darán alimento. Entre ellos, lo encuentro, mi corazón. Echo de menos aquellos tiempos de novios, de salir de la casa a vivir en las calles, de ser turistas de nuestra propia vida. 

El ruido de la ciudad me envuelve. He vuelto a adentrarme en la selva de asfalto para no escuchar. La chica de los pies mágicos me regala sus zapatos. Recojo su invitación a bailar.

domingo, 1 de noviembre de 2015

LOCALIZACIONES


No es un lugar hermoso. Quizá esperabas demasiado de esta ciudad deprimida, de arbustos llorones y prejubilados. 

Acá no encontrarás acueductos romanos o catedrales, ni un río que bañe los arcenes de una circunvalación recién inaugurada. No, no hallarás historia reciente que vanagloriar más que la de mis ancestros. 

Su suelo gris, de baldosa gastada. Las noches de verano caminando con mi abuelo hacia la plaza. Los eucaliptos cobijo de mis juegos y remedio infalible para mis resfriados. Las tardes en el brasero. Las barras que me dieron de comer antes de llegar al puchero. El tintineo de los zapatos baratos acicalándose para salir al paseo. Mi melancolía. Mi tendencia a buscar la ganga en las galerías. Mi enorme generosidad. Mi parquedad en palabras. Toda yo formo parte de este lugar de aspecto oxidado. 

Toda yo se reconoce en esta localización decadente donde mi cabeza filma el guión de los recuerdos más hermosos de mi vida.

miércoles, 21 de octubre de 2015

MUJERES OPUESTAS

Son delgadas. Muy delgadas. Tan delgadas que son capaces de esconder su delgadez bajo una suave melena rubia y una americana cara. 

Outsider, confortzone, hit. Me cuesta distinguirlas entre tanta palabra extraña y ese halo de glamour y éxito profesional absoluto que desprenden. Me cuesta sentirme parte de su rumor y su estilo Vanity Fair, yo que soy morena, de pelo corto y con vientre, piernas y culo grandes, desnudos y apenas cubiertos por una falda corta y una chaqueta del Bershka de 8.90.

viernes, 4 de septiembre de 2015

AMENAZA DE TORMENTA

Me siento agotada por su terrible peso. El de sus besos no dados, sus no-caricias de espinas, su aliento agitado y sucio, su recuerdo imposible de olvidar.

Y ya no sueño, sólo corro, nerviosa, cada noche entre los árboles de un oscuro y espeso bosque. Me curo y rasgo al mismo tiempo y me resulta imposible parar esta sangre que a ratos me da vida y a ratos me consume.

¿Cuál es la salida? ¿Es posible descansar, conquistar el silencio y vivir en paz, sin tanto grito interno, tanta pelea, y tanta mierda fuera, oculta bajo las alfombras de tantos, de tontos, de los tuyos?

Quisiera saber, y sobre todo, quisiera creer, pero esta tarde, las nubes amenazan tormenta.

Otra vez.

viernes, 7 de agosto de 2015

ME DUELES

Tus hijas. Tus hijos. Sus golpes.
Lo velado de sus faltas. Tu culpa.
Me dueles.
Porque tu cuerpo,
ahora frío,
pudo ser el mío,
porque tuve -y tengo-
quien me hace temblar
del miedo
cuando recuerdo.

Me dueles.
Y contigo sangro
cada día
porque muero
cuando nos matan.

#basta ya #niunamenos

jueves, 16 de julio de 2015

MISIVA CALLADA

Últimamente todos los jóvenes se aman
en los parques, al sol, 
y yo encuentro una razón (más) 
para echarte de menos.

martes, 30 de junio de 2015

TUS RUTINAS

Es curioso,
siempre dejas de quererme
para quererme
aún más después
(cuando la distancia
y el tiempo
te han demostrado
que estabas equivocado
otra vez).

viernes, 19 de junio de 2015

NOSTALGIA

La semana me queda larga
como los bajos del pantalón.
Siento fría y ancha la cama,
me retumba el silencio, 
meto y saco tu recuerdo del congelador. 
Me he fugado con la huida, 
he cazado al cazador, 
hice y rehice las cuentas 
pero ni por esas 
me he quitado la etiqueta de deudor. 
Lavé todas las palabras, 
las pasé al escurridor, 
he quitado ya la mesa 
y tú apurando la botella, 
¡márchate de mi domingo, por favor!

 
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