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CAMBIO DE PAPELES

 Me gusta que pienses que pueda guardar en alguna de mis cajas de hojalata, mapas o instrucciones capaces de hacerte entender la vida cuando no todo son aplausos y rock n roll. Bravo Murillo apesta, y tras cinco locales de kebah,  mis lágrimas se ha transformado en gasolina.  No soy una virgen a la que encerrar tras un cristal y venerar. Y  no es verdad que me rindiera. Desde que ya no estás aquí, Madrid parece haberme regalado una eterna primavera. Mientras, la gente  me mira con pena y me pregunta si estoy bien. Sinceramente ,   creo que no estoy a tu altura . ¿Cuánto se tarda en olvidar a alguien?  Me gusta tu inocencia al preguntar. Tu necesidad de respuestas. Que pienses que yo pueda guardar, en alguna de mis cajas de hojalata, instrucciones o un mapa, capaces de hacerte comprender la vida cuando no todo son aplausos y  rock and roll. No lo sé. A veces, una mordida en el labio. Otras, ciento cincuenta resacas. D...

DEMASIADA FELICIDAD

Aquellos días de verano en la Rue Gaston Carré, solía pasarme horas mirando a través de la ventana y preguntándome quién era. Por aquel entonces tú me querías. Mucho. Algunos años después, tumbada en la litera de un sucio hostel , volvía a hacerme la misma pregunta mientras anotaba en mi diario de viaje una divertida y clarificadora conclusión: he vuelto a intentarlo con los sudokus, con el mismo resultado: no son para mí. Me había marchado a Ponferrada en busca de respuestas y un buen motivo que me permitiera regresar a Madrid y olvidarte. Lo que no sabía es que vivía empeñada en encajar en tus misteriosos cuadritos blancos del mismo modo que el  hombre gris rellena diariamente y a boli, la hoja de pasatiempos de El País entre las estaciones de Móstoles Central y Nuevos Ministerios. Un chico me mira en el Metro. Le descubro. Baja la mirada, tímido. Había olvidado que podía resultar atractiva para alguien.   Cuando vuelvo a casa de mis padres siempre me convierto ...

SALDRÉ DE ESTA

He vuelto a sacar mi libreta, cervezas al sol y Cupido haciéndome un corte de mangas al final de la acera. Sola otra vez - me dice-  ya no eres una niña, te acercas peligrosamente a los 40 . Por suerte ya no estoy tan perdida como aquella vez en que me empeñé en sacar de la nostalgia más adictiva a quien no veía en mí más que a una madre, una puta, una despedida.  Accidente nuclear. Amenaza de Tsunami. Crack del 29. Hay pocas palabras que me aterren más que "almas gemelas". He vuelto a escribir. Saldré de ésta.

NO QUIERO JUGAR

Necesito que me cuides de ti de tu hilo de araña, que no me empujes a morir contigo, para así cumplir con otros. Estoy cansada de fingir, de aguantar, de tragar, y de hacer como que puedo con todo. No quiero jugar con tus cartas. No quiero jugar porque no entiendo las normas. No quiero jugar porque siempre pierdo. No quiero jugar porque para mí esto no es un juego, es una ruleta rusa  donde cada día  muero un poco, sola y en silencio, mientras tú, lejos, remueves a fuego lento el sabor de la costumbre, impertérrito ante e l chaparrón.

SOBRE EL DEPORTE REY Y REYES DESTRONADOS

Nunca pensé que él supiera demasiado, sin embargo, en el fútbol, como en tantas otras cosas, siempre me trató con condescendencia. Roberto apareció vestido con camiseta de algodón, deportivas y un pantalón corto. Era verano, agosto en Madrid, y él, mi primer novio. Yo sólo quería que me viera guapa siempre para que no me dejara. Sintetizando: vestidito corto de tirantes y sandalias planas. Fuimos a hinchar el balón a una gasolinera. Él no tenía bomba de aire ni tampoco idea de cómo íbamos a hacer para inflarlo. Sí, la idea de la gasolinera fue mía. Sí, también fui yo quien manejó la máquina, aunque, de todas maneras, yo era la que resolvía siempre todo. Sí, también lo suyo: su tickets de Metro, sus salidas de noche o sus apuntes de clase. Había llegado el momento en que por fin, comprobaría, pies en polvorosa, esa supuesta superioridad que le otorgaba el ser macho. Llegamos al campito. Primero unos pases, luego unos desmarques, regates, hasta que finalmente declaró una dec...

NO PODEMOS VOLVER ATRÁS

Busca un modo. Me aterra quedarme solo.  Déjame ir.  Siento que hay alguien más En esta habitación.  No soy yo.  No quiero saber.  Hazme llorar.  Dime que no vas a dejarlo ir.  No quiero vivir para siempre. Todo está bien. Ha vuelto el otoño. Reconstrúyeme desde los huesos. Mi jungla particular. Viejo y sucio pueblo De distancias seguras. El primer día de mi vida. Respuestas. Odio la forma en que me amas. Debería cruzar este río. Mis brazos estuvieron siempre a tu alrededor. Sólo me estaba yendo. Haciendo todas las cosas de nuevo. Ropa de verano. El libro del amor. Una única cosa: No podemos volver atrás.

POR FAVOR, ¿LA SALIDA?

Es imposible ser siempre bufón y no acabar en urgencias por cervicalgia Expectativas. Bloquean mis rodillas. Me oprimen los dientes. Mi cabeza va a explotar. Expectativas. No las mías, las de otras, las que cocino a fuego lento, con condimentos variados, olorosos e intensos, hasta formar un caldo espeso, indigesto y cargante. ¿Quién me creo? Mis decisiones acarrean consecuencias . Decepcionan, juzgan, hacen daño y han descargado camiones de arena entre tú y yo. Silencio que un día (te) impuse como única manera de salir viva de mí y que hoy me pesa cada vez que te huelo. Expectativas. Es imposible ser siempre bufón y no acabar en urgencias por cervicalgia . Me he entrenado tanto en el arte de complacer que hoy no soy capaz de que me acepten en la escuela básica del “no salir corriendo”. O vivo pegada a ti (para que no me rechaces) o siembro campos de ortiga para evitar tu repudio. Y es que (siempre) tengo miedo. Miedo a dejarme querer. Miedo a que me echen en cara que ...