DEMASIADA FELICIDAD

Aquellos días de verano en la Rue Gaston Carré, solía pasarme horas mirando a través de la ventana y preguntándome quién era. Por aquel entonces tú me querías. Mucho. Algunos años después, tumbada en la litera de un sucio hostel, volvía a hacerme la misma pregunta mientras anotaba en mi diario de viaje una divertida y clarificadora conclusión: he vuelto a intentarlo con los sudokus, con el mismo resultado: no son para mí. Me había marchado a Ponferrada en busca de respuestas y un buen motivo que me permitiera regresar a Madrid y olvidarte. Lo que no sabía es que vivía empeñada en encajar en tus misteriosos cuadritos blancos del mismo modo que el  hombre gris rellena diariamente y a boli, la hoja de pasatiempos de El País entre las estaciones de Móstoles Central y Nuevos Ministerios.

Un chico me mira en el Metro. Le descubro. Baja la mirada, tímido. Había olvidado que podía resultar atractiva para alguien. 

Cuando vuelvo a casa de mis padres siempre me convierto en la niña. Cuando lo hago después de una ruptura, inmediatamente, la mayor preocupación es que no me quede sola y coma bien. Sí, he bajado de peso y ahora quepo en esos pantalones en los que me siento una joven camarera venida a más que la próxima semana estrenará “Las Troyanas” en el Teatro Español. 

He empezado a ordenar mis libros después de la tempestad que provoqué al romper lo nuestro. Una capa gruesa de polvo, de años y hastío, había condenando a Fannon, Tabucchi, Munro, y tantos otros, a un ataque de bronquitis aguda. Aún hoy me pregunto que fue antes, el huevo o la gallina: ¿me enamoré de ti o lo hice del brillo de tus ojos al escucharme?

Confieso que a ratos, aún extraño tu cuerpo sobre el colchón al despertar. También que he vuelto a dormir del tirón y que una duda me sobrevuela cada mañana al hacer la cama: ¿será que sólo los amores a tiempo parcial pueden garantizar que no me salga de la vía?

Porque, es cierto, me domestiqué, pero es que él me quería. Mucho.

* Demasiada felicidad es el título del libro de relatos cortos de la Nobel de Literatura, Alice Munro.

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