sábado, 7 de diciembre de 2013

MENÚ PARA DOS

Todos los miércoles a las seis nos sentamos en la misma mesa y repetimos las mismas conversaciones. Las mismas conclusiones.

Carolina dice que no. Me niega y reniega con la cabeza por quinta vez. Sobre las siete y cuarto y tras escucharla una hora y quince minutos, le explico mi modo de ver. Yo creo que sí ha tenido relaciones interesantes y que esos hombres de los que me habla, sí la han querido, pero ella, como tantas otras, suele equivocarse al compararse con quienes gustan de darle tintes peliculeros a sus conquistas y abandonos, a aquellos que por inseguridad suelen negar la realidad disminuyendo su capacidad para mirar hacia delante.

-¿Tú que eres, más de primer plato, segundo o postre en el amor?- le pregunto. Se muerde el labio y después, se retira el flequillo del ojo izquierdo y le pega un sorbo breve a su cerveza.

-El primer plato siempre es el mejor -me explica- sobre todo sentir que alguien te busca como tú le buscas a él, de manera torpe y tímida. Y el primer beso... que es casi robado, pero tan deseado que te sabe a gloria que por fin uno de los dos haya decidido dar el primer paso.

Claro que el segundo plato tampoco está nada mal. La ilusión por verse, la tranquilidad de saber que todo lo que te compete le importa a la otra persona. La confianza, el conocerse, los primeros viajes, el descubrimiento del pijama... Eso sí, lo que no me gustan jamás son los postres.

- ¿Los postres? ¿Pero si tú adoras el dulce?

- No me gustan los finales de historias que pintaban bien, y menos aún cuando yo soy la protagonista y acabo en urgencias por una intoxicación.

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