martes, 4 de octubre de 2011

Y UN ESPARADRAPO EN LA BOCA

La literatura como discurso social posee un orden que radica en el poder y la autoridad de quienes la crean, que se proyecta y provoca desigualdad entre hombres y mujeres.

Al mismo tiempo que el aparejador orquesta paleta, masilla y plano y el promotor imagina piscina, zonas verdes y clientes; el administrador local dibuja impuestos y el recién aterrizado a las calles, aún sin equipar, imagina un sábado de barbacoa dorando chorizos y chocando decenas de copas de lambrusco y cerveza.

Si el aparejador se llama Yolanda, tendrá problemas para hacerse respetar. La cuadrilla le transmitirá en cada comentario, mirada, que es un perro verde en “un mundo de hombres” y cuestionará su autoridad o será tratada como una niña con un polo de limón. Si el promotor responde al nombre de Patricia, vestirá falda y se maquillará cada mañana a petición de su jefe, acercará a Jaime y Lorena (sus hijos) hasta el colegio cada mañana, les recogerá a la una para darles el almuerzo, les conducirá de vuelta a las tres y a las cuatro y media, le recordará a Anita (también mujer) que debe llevarlos del colegio a casa y acompañarlos hasta que ella cierre la oficina y llegue a eso de las nueve y media.

Olivia, la alcaldesa de nuestra localidad imaginaria de 56.589 habitantes recibirá todo tipo depseudoargumentos por parte de la oposición, sus conciudadanos y compañeros de partido, que polemizarán continuamente sobre su papel como gerente municipal y su valía para decidir este tipo de cuestiones. Por último, Silvia quien sueña con un chalet con piscina y el sol pegándole en las mejillas, tendrá que enfrentarse al “mujer, pero cómo te vas a ir a vivir sola” y a una hipoteca imposible de pagar con su sueldo un 25% más bajo que el del resto de sus compañeros.

Y ésta es la cara más agradable, la de los países enriquecidos. Analfabetismo, mutilación genital, matrimonios forzados, violaciones sistemáticas, sometimiento a la autoridad masculina, exclusión de la educación formal, pobreza… y un esparadrapo en la boca: condena al silencio bajo amenaza de muerte, paliza o ridiculización, son las realidades cotidianas de millones de mujeres en todo el mundo.

Retiradas en grandes edificios de piedra, aisladas por sus familias, su honra o su educación ultracatólica, pero también refugiadas en espacios monasteriales; autoras como Úrsula Suárez (1666-1749), Francisca Josefa de la Concepción del Castillo (1671-. 1741) o Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), fueron capaces de traspasar por primera vez durante los siglos XVI y XVII el telón de acero del acallamiento de las mujeres en el mundo literario. Víctimas de la Ley de la imitatio, un principio artístico y un requisito para todas ellas, lograron convertir su subyugación al género hagiográfico, en un espacio alternativo de creación, de legitimación y superación del censor vigilante.

La literatura conventual se sirvió del cuerpo, recipiente del sexo maldito (el de la mujer), como superficie artística. A través de la exaltación del dolor y del goce por el contacto con dios, reivindicaron su derecho al placer y crearon un lenguaje específicamente femenino. Herederas por mandato del hombre de la vida de los santos, trasgredieron los límites de sus censores, reivindicando y legitimando su “yo”, su identidad subjetiva, gracias a su posición como responsables de la escritura divina.

Cinco siglos después es imposible afirmar que la figura de la mujer sea referencia en la literatura, así como tampoco lo es la voz del indígena o el negro. A día de hoy, tal como señala Sofía Rosales en El Arte tiene sexo (1987), todo lo que la humanidad conceptúa como arte es solamente la opinión de los hombres y el lenguaje sigue siendo instrumento de poder y dominio masculino. La mujer literata continúa tras los barrotes de la mitificación femenina, lo que le obliga a enfrentarse a sus falsas imágenes, rechazarlas, y empezar a crear su verdadero rostro. (Trejo, 2011).

6 comentarios :

prometeo dijo...

me encanta como has escrito la idea...estoy totalmente de acuerdo contigo. Hice un trabajo de máster, "La invisivilidad de la mujer en la Historia del Arte", si algún día te apetece te lo envío...
Pd. lo peor es que en 2011...el siguiente enlace es una portada reciente del diario "La razón"

http://www.facebook.com/#!/permalink.php?story_fbid=159238870833132&id=781387555

Julieta dijo...

Genial, Niña. Te admiro cada vez más :) Mira lo que publicaba por la tarde Julieta Arroquy (que se que te gustó): http://2.bp.blogspot.com/-ofYm1Uqq0bo/To0aSfG2TAI/AAAAAAAACXk/Ca5_2Rgl-14/s400/historieta62.jpg

niña imantada dijo...

Encantada de leerte (más), prometeo. Por desgracia, el problema real de la desigualdad entre hombres y mujeres es que la gente no la ve, sufre de miopía forzada por el sistema.

niña imantada dijo...

Sí, me gusta :)

La admiración es mutua, ¡no desaparezcas, please!

Besos, linda.

raúl dijo...

correcto. este año le han dado el nobel de la paz a tres mujeres, con unos ovarios como montañas por elevar la voz en países en los que ser mujer no significa nada, literalmente, pero miras el histórico de premios y es irrisoria la participación de la mujer, una mera anécdota, cuando el porcentaje de titulados universitarios, puestos de jefatura intermedios y un montón de aspectos profesionales y culturales más, es abrumadoramente femenino. vete al consejo de administración de una empresa gorda, eso sí, y sólo verás corbatas. todavía queda mucho por hacer, está clarísimo. un artículo fantástico, sí señor... digo... sí señora!

niña imantada dijo...

Gracias, raúl,¡tranquiliza escuchar a hombres como tú!

 
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