viernes, 3 de marzo de 2017

AÚN ME ASUSTAN SUS PISADAS

Hoy me puedo defender. Tomar la calle Alcalá y esperar a que emerja el suburbano.

Nunca me gustaron los taxis. Como tantas otras cosas, siempre lo relacioné con mi enferma timidez. Es que no tiene ningún sentido, ¿por qué siempre te pasan estas cosas? En Pueblo Nuevo sólo encuentro parejas enfrentadas. No, en realidad, no: varones enojados y jóvenes intimidadas. ¿No es verdad que esto le pase a otras? Un taxi. Un hombre. Y la capacidad de apretar acelerador y pestillo y quedar atrapada. Sola. Indefensa. Otra vez. Sola. Con un hombre. Sola. No es verdad que esté bien. He vuelto a perderme en la calle. Afortunadamente hoy me puedo defender. Tomar la calle Alcalá y esperar a que emerja el suburbano.

Aún me asustan sus pisadas. ¿Cómo no vas a anhelar que tu madre te abrace? Dejen de juzgarla, joder, pienso al escuchar a la delgada muchacha. Deberías venir más por aquí y estar con nosotros. Sonrío y por primera vez en el día no asiento. Nunca he estado más segura de mí y de mis pasos.


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