viernes, 27 de noviembre de 2015

CAMINOS

Echo de menos aquellos tiempos de novios, de salir de la casa a vivir en las calles.

Camino rápido con paso ligero pero pisada fuerte. Trato de dejar al resto atrás, de encontrarme sola, para verme, para verlo todo en el paisaje, para sentirme mi mirada, lo que nadie puede intuir ni reconocer en un seto, una estatua, la arena. 

Camino por las piedras, cruzo fuentes que en perspectiva parecen siempre la misma, pero no lo son, como tampoco lo soy yo con el paso del tiempo. Su piedra es más rugosa, más lisa, la caída del agua aún está o se ha secado. Acelero para verlas en movimiento hasta que llega el momento, el momento de escribir, de observar-me-, mirar –me-, de parar. 

Recuerdo París, las calas, el monte, ¡hace tanto que no me pierdo, que no me escucho a mí! Descubro el soporte metálico que espera a que como higuera, trepe por él, creando intrincadas y múltiples combinaciones, y me siento agobiada, no quiero vivir esclava a una estructura. 

Deshago lo andado, vigilante arribo a una tierra nueva, de vapores, impenetrable y la observo, allí está ella, caballo salvaje, con su belleza exuberante, callada. Qué dificultad tan grande para un cuerpo tan delgado. La rodeo. Me alejo. No la quiero asustar, no sea que se marche. 

Me inclino. Recojo los frutos, brillantes, hermosos. Algunos servirán sencillamente para decorar, otros me darán alimento. Entre ellos, lo encuentro, mi corazón. Echo de menos aquellos tiempos de novios, de salir de la casa a vivir en las calles, de ser turistas de nuestra propia vida. 

El ruido de la ciudad me envuelve. He vuelto a adentrarme en la selva de asfalto para no escuchar. La chica de los pies mágicos me regala sus zapatos. Recojo su invitación a bailar.

1 comentarios :

Xirasola dijo...

Bravoooo 👏 👏 👏

 
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