martes, 14 de abril de 2015

DESAPARECER

A ratos mi mirada resulta impasible, esquiva. Mis ganas de soledad, desconcertante, y la pelea interna regresa cuando personas importantes me expresan que quieren más de mí.

Por mí, han gastado su paga del mes, han cocinado mi plato favorito y lo han vestido de acto fortuito después. Han adorado mi forma de reír, de pensar, mi pelo, y han rezado al santo de hazlopormiestavez, que tras ese ruido al pisar emergiera mi figura.

Me han querido callada. Y parlanchina. Exigieron mi amor porque en sus labios yo era lo mejor que les había ocurrido, y así, mojando mis oídos con el manto salado de sus lágrimas acudí a millones de citas sin energía en mis zapatos, sin saber por qué había tomado ese tren dejando sobre la encimera el alimento del día.

Durante años dije a todo que sí. Entregué mi tiempo y el timón de mi vida al otro y agradecí inocentemente tantísimo amor recibido. Me olvidé de mí, de que existo, ahogada por el amor que despertaba en ellos, un amor, que sentía, les suponía un gran esfuerzo y que, por tanto, yo debía reconocer. Recompensar.

Hoy a ratos mi mirada les resulta impasible, esquiva. Mis ganas de soledad, desconcertante, y la pelea interna regresa cuando personas realmente importantes me expresan que quieren más, más de lo nuestro, más de mí.

Ya me peleé con mi naturaleza poco social y no va por ahí. ¿Será el miedo a desaparecer o que me desaparezcan? ¿O será cosa de esa vieja balanza  del yo y el vosotrxs que tanto me cuesta aceptar

El caso es que a veces sólo querría desaparecer. Para no pasar por encima de mis necesidades, primero, y para no hacerte daño después.

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