jueves, 19 de febrero de 2015

AL LADRÓN

No, no me llamaste.
No descolgaste el teléfono,
ni rescataste mi número
de una agenda olvidada. 
No, no fuiste tú. 
Mi corazón judeo cristiano, 
mi caridad de los domingos
y esta estúpida conciencia azul
hicieron añicos mi orgullo de mujer herida
una tarde en que bostezaba el sol. 
Y entonces, una voz contestó
al otro lado de la línea 
sin decir ni mu
y una hora y un lugar se me vinieron a la cabeza.
¿Robarte una tarde, mi amor? 
Si es que creo que perdí la media...

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