lunes, 6 de mayo de 2013

BELLEZA Y LITERATURA: ¿QUIÉN CALIGRAFÍA LO BELLO?

El lenguaje, o más bien, los discursos, suelen encerrar en sí pequeños secretos y cláusulas abusivas que no siempre son fáciles de atisbar.

Teníamos quince años. Vivíamos esa época en que el valor lo establecía la marca de tus zapatillas deportivas. Nos creíamos los seres más especiales y a la vez, llorábamos por las esquinas nuestra mala suerte en el amor: Hugo había escogido a otra o había preferido el balón. Recuerdo que hablábamos de nuestro profesor de filosofía. Acababa de confesarnos entre El Banquete de Platón y la Metafísica de Aristóteles que pelaba las naranjas a bocados. Ese era justo el detalle que necesitábamos. Éramos adolescentes, las paredes de nuestros cuartos apenas sí se podían intuir entre tanto afiche, teníamos claro cuáles eran nuestros referentes en materia de belleza y don Justiniano se alejaba con creces de ellos.

“Es feo, pelirrojo, le derrapan las consonantes, ¿no has visto hasta qué altura se sube los pantalones? Además, se quiere hacer el gracioso, y lo único que provoca risa es la bata esa que usa. Ostias, esto no es un parvulario, ¡no le vamos a manchar con nuestros mocos!”. Nadia tenía claros sus argumentos.

Siempre he creído que las palabras más acertadas se encierran en la sencillez de quien las pronuncia, y mi amiga Susana es, desde que nos encontramos a los cinco años en aquel descampado, una de las personas más humildes que conozco.
“Pues a mí me no me parece feo –le interrumpió Susana–. No sé, yo creo que todo el mundo es guapo, si no es mala persona, además, ¿por qué va a tener que ser feo?”.
Quince años después, aún le sacamos estas palabras cuando se trata de valorar la belleza de un edificio o el último ligue de nuestro amigo Adrián. A veces la memoria de las amigas es peor que la hemeroteca de un medio de comunicación.

Cuando quiero tomarle el pulso a una ciudad le pregunto a un taxista, y cuando quiero conocer el porqué de las palabras que usamos, abro un diccionario [continuar]

Fragmento de mi artículo publicado en apartemagazine.es.

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