Yo a los 26 descubrí una trampilla de emergencia... y no dudé en utilizarla. ^^ Las puertas y ventanas que no falten, eso sí, para salir y entrar, y para ver lo que hay fuera.
Quizás la cuestión está en el punto de mira. ¿Por qué a los veinte, de pronto, un@ ve las puertas? Supongo que lo importante es darse cuenta de eso mismo, precisamente, el motivo por el cual un@ descubre las puertas. Tal vez, se dé cuenta entonces que es capaz de atravesar paredes. ¿No crees?
Ya, es verdad, sin puertas al final hubieramos acabado aprendiendo a volar. En fin, hoy ando algo conformista, con no olvidarnos de andar... Un besazo.
No me gustan las niñas frágiles que caminan como si lo hicieran sobre una cuerda de tender (ni la soberbia con que mascan chicle al pasar por tu lado). Me gustan los amigos que se abrazan cada día como si un horrible conflicto bélico les hubiera separado durante años. Me gustan las parejas de ancianos que (aún) pasean cogidos de la mano como en aquellos (no tan felices) años treinta. Me gusta el primer bocado del niño a su merienda. Me gustan los gorros con orejas. Me gustar ser como soy y convencerme de lo contrario sólo me traerá problemas.
Llevaba aquella sandalias marrones de plataforma que ahora veo horribles y que mi madre se empeñó en guardar “porque están nuevas” y “por si te da por volver a ponértelas”. También la camiseta azul que pensaba que me sentaba tan bien y cuya vida alargué más de lo recomendable. Tenía 11 años. De vacaciones en la playa, como tantas veces, me tocó compartir cuarto con un niño al que detestaba, mi hermano. Mis padres descansaban en una habitación al final del pasillo, en un pequeño patio que se abría al final de la línea recta iluminada con pequeños farolillos de cerámica. Yo solía ducharme con avidez tras llegar del chapuzón mañanero o de media tarde, meterme en mi combinación favorita (que incluía esos zapatos tan altos, la camiseta de tirantes y una falda pantalón verde que dejaba ver de principio a fin mis piernas) y corría nerviosa al cuarto de papá y mamá. No lo hacía porque les extrañara, si no más bien, para cruzarme a las 14.05 con el joven alto y de dudosa procedencia que...
Comentarios
Las puertas y ventanas que no falten, eso sí, para salir y entrar, y para ver lo que hay fuera.
¿Por qué a los veinte, de pronto, un@ ve las puertas?
Supongo que lo importante es darse cuenta de eso mismo, precisamente, el motivo por el cual un@ descubre las puertas.
Tal vez, se dé cuenta entonces que es capaz de atravesar paredes. ¿No crees?
En fin, hoy ando algo conformista, con no olvidarnos de andar...
Un besazo.
Buen finde sevillano!