A todo el mundo se le llena la boca con el "haz lo que sientas", pero la realidad es que más de uno y más de dos y tres, calientan un sillón que en nada se parece a la tumbona que soñaron . Y no hablo sólo de comodidades, sino de huracanes, de lo que te sale de dentro y te repite cada mañana que ése no es el lugar donde deberías permanecer más de cuatro horas.Por desgracia todos o casi todos estamos tutelados, incluso más allá de la mayoría de edad, por los progenitores del "deber ser" y el "lo apropiado", un par de caballeros vestidos de Armani y de sonrisa encantadora que sin presión ninguna y haciéndote sentir más libre que la especulación en Wall Street, reconducen con una pulcritud perversa tus deseos más viscerales. ¿O tú has estudiado la carrera que siempre soñaste? ¿Nunca has dicho "no eres tú, soy yo"? ¿Te marchaste de aquel trabajo bien pagado porque sentías que no te llenaba? ¿O no le diriges la palabra porque te aburre y no sabes...
Comentarios
A veces eso es hasta sano.
Eso sí, vagabundear para descubrir, está muy bien ;)
Un besazo, reina!
Lo que me recuerda a la insoportable levedad del ser...
Küsse!
(Luis Eduardo Aute)
Estuve unos instantes con las alas quietas,
perdido en laberintos del "no sé, quizá, tal vez..."
sobre una nube de esas como de acuarela
me hacia esas respuestas que no se deben hacer.
Bastó ese breve tiempo de darse una tregua
para sentir de pronto una traición bajo mis pies.
El fuego de un relámpago quemó mis piernas;
las alas se salvaron y no sé muy bien por que.
Para vivir
en pie de guerra,
segundos fuera, segundos fuera...
que hoy por hoy, sigo aquí,
aquí.
Estuve unos instantes con la vela arriada,
perdido en laberintos del 'quien soy y a donde voy...'
creyendo que la mar se desnudaba en calma,
salte a sus humedades y le declare mi amor.
Basto ese breve tiempo de volver al agua
para sentirme envuelto por los vientos de un ciclón.
El odio de las olas desvió mi barca;
seguí la singladura que un albatros me marcó.
Estuve unos instantes con la guardia baja,
perdido en laberintos del "¿soy uno, dos o tres?"
absorto en esa duda no oí la campana
o acaso su tañido me evocaba mi niñez.
Bastó ese breve tiempo de volver a casa
para sentir un golpe bajo que me hizo caer.
La lona me beso mordiendo unas monedas;
la fuerza de aquel golpe me ayudo a ponerme en pie.
Siempre defenderé el dejarse llevar, para bien, por supuesto, para mal, hasta que salgan las fuerzas para decir, ¡basta!
Me gustó tu blog.
Vuelvo.