Quise cerrar la puerta y me pusiste la mano. Abrí las
ventanas y voceaste que el aire estaba dado. Cociné la tarta de mi abuela para
ti y me reprochaste que tuvieras cartucheras.
Llevaba meses estudiando la teoría Neoplástica. Había aprovechado la crisis del ladrillo para hacer acopio de material. Nadie podría frenarla. Los nazis del mundo envidiarán mi muro, verás, a mí nadie más me rompe el corazón. Y entonces, sin corrimientos de tierra, grúas de quince toneladas o cajas de dinamita, llegó él. Y ella tuvo que mandar a la mierda los planos, enterrar cimientos y alquilarse una casita con una valla a la altura de las rodillas. [inspiración: Caótica]
No me gustan las niñas frágiles que caminan como si lo hicieran sobre una cuerda de tender (ni la soberbia con que mascan chicle al pasar por tu lado). Me gustan los amigos que se abrazan cada día como si un horrible conflicto bélico les hubiera separado durante años. Me gustan las parejas de ancianos que (aún) pasean cogidos de la mano como en aquellos (no tan felices) años treinta. Me gusta el primer bocado del niño a su merienda. Me gustan los gorros con orejas. Me gustar ser como soy y convencerme de lo contrario sólo me traerá problemas.
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