Llevaba aquella sandalias marrones de plataforma que ahora veo horribles y que mi madre se empeñó en guardar “porque están nuevas” y “por si te da por volver a ponértelas”. También la camiseta azul que pensaba que me sentaba tan bien y cuya vida alargué más de lo recomendable. Tenía 11 años. De vacaciones en la playa, como tantas veces, me tocó compartir cuarto con un niño al que detestaba, mi hermano. Mis padres descansaban en una habitación al final del pasillo, en un pequeño patio que se abría al final de la línea recta iluminada con pequeños farolillos de cerámica. Yo solía ducharme con avidez tras llegar del chapuzón mañanero o de media tarde, meterme en mi combinación favorita (que incluía esos zapatos tan altos, la camiseta de tirantes y una falda pantalón verde que dejaba ver de principio a fin mis piernas) y corría nerviosa al cuarto de papá y mamá. No lo hacía porque les extrañara, si no más bien, para cruzarme a las 14.05 con el joven alto y de dudosa procedencia que...
Comentarios
Sí! Puede ser un músico del montón, pero todo el montón es mío! jejeje
...somos tesoritos.
... de eso va justo la canción.
Bonita entrada y un buen tema para acompañarla.
Mil bs niña linda .. ya estoy de vuelta al ruedo =D!
Suele ser bastante irracional la timidez, no crees? Por eso no sabes explicar qué pasa por nuestras cabezas. Aunque quizá sea cosa de la inseguridad, el autoestima, imagino que en cada caso será distinto lo que tenga que ver.
Besos, reina!
Un beso, Vértigo!
http://diariodeuncompletogilipollas.blogspot.com/
Otra timida que ha descubierto tu blog y aquí se queda.
Besos.