Llevaba aquella sandalias marrones de plataforma que ahora veo horribles y que mi madre se empeñó en guardar “porque están nuevas” y “por si te da por volver a ponértelas”. También la camiseta azul que pensaba que me sentaba tan bien y cuya vida alargué más de lo recomendable. Tenía 11 años. De vacaciones en la playa, como tantas veces, me tocó compartir cuarto con un niño al que detestaba, mi hermano. Mis padres descansaban en una habitación al final del pasillo, en un pequeño patio que se abría al final de la línea recta iluminada con pequeños farolillos de cerámica. Yo solía ducharme con avidez tras llegar del chapuzón mañanero o de media tarde, meterme en mi combinación favorita (que incluía esos zapatos tan altos, la camiseta de tirantes y una falda pantalón verde que dejaba ver de principio a fin mis piernas) y corría nerviosa al cuarto de papá y mamá. No lo hacía porque les extrañara, si no más bien, para cruzarme a las 14.05 con el joven alto y de dudosa procedencia que...
Comentarios
Nop, mala idea... También duran mas.
Estantería modular de la serie kabengansdverte de Ikea es la solución.
Tienes razon, Vertigo, mejor abrir las ventanas, no crees? Quiza de esa manera las ganas viajen hasta esa persona ;)
Pero me daria mal rollo, seria como matarlas, congelarlas como al Senor Walt Disney, que dicen. Prefiero que vivan lo que tengan que vivir y luego se marchiten y producir otras.
100Pies, Ikea siempre es la solucion!
- Las ganas, por favor?
- En el ala oeste de la mansion.
Un buen descanso siempre es lo mas importante, jajaja, parezco un anuncio de Lo Monaco.
Por cierto, bienvenido, esta es tu casa.