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A COSTA DE MÍ

Observo mi rostro en el reflejo. Aún cansada lanzó al aire mi último revuelco No sé viajar sin combustionarme. No sé ni quiero. Conmigo viajan mis malas pulgas y mi timidez. Mi miedo, conmigo sostiene silencios, maquina bromas y conversaciones que no siempre surten efecto. Sólo quiero que me quieras bien, que dejes de ser el espejo de mi tartamudez, mis complejos .  Sí, me gusta caminar sola, pero también sentir el roce de tu piel entre mis dedos . He descubierto que a veces necesito seducir para no sentir asco por mi cuerpo, y no sé por qué maldita puerta escapar, ¿quién ideó este jodido invento? Por fin salgo de ti, Madrid me recoge. Sin querer, sin saberlo, deambulaste por mis calles, mis adentros. Utilicé tu nombre, tu figura, para dar forma y vida a los personajes que a ratos me atormentan, me conmueven: él que tanto me dolió, mi sumisa adolescencia. La familia que un día me abandonó o esta locura mía de protegerme a pesar de todo, a costa de mí. Observo ...

POBRES NOSTÁLGICOS

Acaban de decirme que mi trabajo pende de un hilo. Mi móvil vibra: mensaje de whatsap, número desconocido. No me pregunten cómo ni por qué, pero me saltan todas las alarmas.  Rápidamente busco las dos últimas cifras de ese +34 , lo único que recuerdo de él: 69. ¿Cuánto hace que me dejó? Por suerte ya ni me acuerdo. ¿Siete? ¿Ocho años? Ah, sí, sí, en aquella cafetería en Santa Engracia. Era invierno. Quizá noviembre. Habíamos sufrido ya varias idas y venidas y nuestra relación agonizaba por (mi) agotamiento. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida. Nunca podré agradecértelo lo suficiente ¡Menos mal que me plantaste, tío! A la ruptura definitiva le sobrevino "lo normal": llamadas borracho cada sábado noche a las dos de la mañana. Interrupción del sueño. Mis lágrimas. Llamadas a las seis de la mañana un martes. Interrupción del sueño. Mis lágrimas. Llamadas la madrugada del 30 de enero. Interrupción del sueño. Mis lágrimas y un lamento: "¿por qué me haces est...

¿QUIÉN COñO TE CREES QUE ERES?

Vuelves cual Guadiana y te reapareces de la misma manera, la mismita manera en que me hacías vomitarme el alma. Recuerdo que me hacías esperar durante horas. Vivía pendiente de un hilo, pendiente de ti.  Ahora sí. Ahora no. Bueno sí. Mejor que no . Mi tiempo no valía nada. El tuyo era puro oro . Sin embargo mi dinero... mi dinero era otra cosa. Experto en vivir de los demás, te las sabías todas para hacerme sentir culpable. Al final, siempre acababa pidiéndote disculpas por mis veinte euros en la cartera y, por supuesto, yo pagaba la cuenta. Más de... -¿cuántos años? ¿Seis? ¿Siete? Ni si quiera me recuerdo- vuelves cual Guadiana y te reapareces de la misma manera, la mismita manera en que me hacías vomitarme el alma. Pero esta vez no vas a ser tú el que gana. Te voy a mandar a la puta mierda, ese lugar que tú bien conoces, y que durante años miraste desde fuera mientras yo me ahogaba sintiendo tus ojos sobre mí, tus manos alrededor de mi cuello. ...

PRONUNCIARTE

La jara amaneció perdida, desorientada. Nadie le avisó de que aún hay escarcha helada sobre el tejado. A cinco horas de ti, Madrid, como cada lunes, bosteza sucia y cansada . Ayer volví a vomitarme. Enredada por aburrimiento en algunos cajones me vino su recuerdo. Sus manos, su voz, su pelo. Todos alrededor del brasero y para tomar cervezas de lata y unas gambas.  De él, que se marchó en marzo, unos días antes de su cumpleaños, aún mantengo el paso ligero, su voz prismática en una vieja grabadora y un fuerte dolor en el pecho. No creo que logre jamás olvidarte, no echarte de menos hasta morir al menos durante un -largo- instante. Retraso el reloj. Busco una huida hacia atrás que alivie esta pena. Me imagino sin ti borrando de mis labios tu nombre. A mí que tanto me costó pronunciarte.  Afuera todo asemeja primavera. Mis vecinos sonríen contentos. Pasean a su nieta ajenos a la fina mentira que soporta sus pies. Ya no me siento fuerte. E sta vez no habrá final f...

DEL OTRO LADO

Hoy que todos se aman, que no queda espacio para el silencio y el ayuno, siento más que nunca la necesidad de desaparecer. Junto a la puerta: seis botellas de leche. El aviso de que bajo la niebla todo permanece. Puede que soplaras con fuerza, pero esta casa no es de palillos, cerda . El lobo con piel de cordero me recuerd a que pese a que me haga la entera, mi respiración aún se entrecorta ante su aliento. Ya debería saberlo: la familia es la institución social más tenebrosa que existe.  Mi cartón ha perdido los números. Mis caderas se me antojan más gruesas de lo que en realidad son. El Euromillón tocó en mi barrio el verano que no estaba en casa. Todos pronuncian su nombre como un triunfador. Mi abuela ya no me convida a chocolate. Todos saben que marché. Nadie pregunta nada. Las paredes de esta casa continúan impregnadas de su olor. Él siempre gana. La pantalla de mi moderno smarthphone repiquetea. De fondo sopla Bill Evans.  Cuando once años después me prometi...

MUÉRETE

Las nubes han entrado a golpe de butrón en mi corazón, y de nada sirve que afuera el sol caliente o que la tele anuncie para esta semana anticiclón.   Mi cuerpo lleva semanas explosionando. Meses. Pero como suele ser habitual en mí, he achacado sus sacudidas a cuestiones externas, casi meteorológicas, como si no fuera conmigo la cosa.   Que ayer fuera incapaz de conciliar el sueño es sólo la punta del iceberg. Fue precisamente eso, mi incomodidad en la postura, quien me recordó que hace ya un par de meses planeé una huida: escapar de la ciudad, escapar un poco de mí y mi montón de planes impostergables. El resto, como siempre, es historia, porque mi agenda, repleta y mi autoexigencia son expertos en hacer traspapelar pasajes entre montones de libros y las hojas de mi calendario de pared.   Ser capaz de verlo, de reconocerme como abusadora de este cuerpo mío, instrumentalizadora de su energía, y responsable de la mordaza que calla mis necesidades, no es fác...

CAMINOS

Echo de menos aquellos tiempos de novios, de salir de la casa a vivir en las calles. Camino rápido con paso ligero pero pisada fuerte. Trato de dejar al resto atrás, de encontrarme sola, para verme, para verlo todo en el paisaje, para sentirme mi mirada, lo que nadie puede intuir ni reconocer en un seto, una estatua, la arena.  Camino por las piedras, cruzo fuentes que en perspectiva parecen siempre la misma, pero no lo son, como tampoco lo soy yo con el paso del tiempo. Su piedra es más rugosa, más lisa, la caída del agua aún está o se ha secado. Acelero para verlas en movimiento hasta que llega el momento, el momento de escribir, de observar-me-, mirar –me-, de parar.  Recuerdo París, las calas, el monte, ¡hace tanto que no me pierdo, que no me escucho a mí! Descubro el soporte metálico que espera a que como higuera, trepe por él, creando intrincadas y múltiples combinaciones, y me siento agobiada, no quiero vivir esclava a una estructura.  Deshago lo an...