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ME DUELES

Tus hijas. Tus hijos. Sus golpes. Lo velado de sus faltas. Tu culpa. Me dueles. Porque tu cuerpo, ahora frío, pudo ser el mío, porque tuve -y tengo- quien me hace temblar del miedo cuando recuerdo. Me dueles. Y contigo sangro cada día porque muero cuando nos matan. #basta ya #niunamenos

MISIVA CALLADA

Últimamente  todos los jóvenes se aman en los parques,  al sol,  y yo  encuentro una razón (más)  para echarte de menos.

TUS RUTINAS

Es curioso, siempre dejas de quererme para quererme aún más después (cuando la distancia y el tiempo te han demostrado que estabas equivocado otra vez).

NOSTALGIA

La semana me queda larga como los bajos del pantalón. Siento fría y ancha la cama, me retumba el silencio,  meto y saco tu recuerdo del congelador.  Me he fugado con la huida,  he cazado al cazador,  hice y rehice las cuentas  pero ni por esas  me he quitado la etiqueta de deudor.  Lavé todas las palabras,  las pasé al escurridor,  he quitado ya la mesa  y tú apurando la botella,  ¡márchate de mi domingo, por favor!

ESA CHICA

Como Zahara tengo millones de canciones que me recuerdan a ti. A él. A ellos. A todos los que un día amé. O eso creía. He dejado atrás los veranos en que apenas salía de su cama. Los tristes ojos de aquel muchacho en los que nunca dejé de buscar a pesar de saber bien que los encontraría cerrados. No hallarás más entre mis cajones palabras torpes que justifiquen nuestros besos -y sus terribles resacas-, ni sueños efímeros que mantener a golpe de café. Puede que definitivamente haya dejado de ser esa chica. Ella. La del equilibrio imposible. La víctima perenne de las fuerzas electromagnéticas de su paquete . La que creíste inalcanzable. La facilona del bar. Con quien quisiste casarte en vuestra primera noche. La que se emborrachaba para lanzarse sin remordimientos a unos brazos. La infeliz. Esa chica. La coleccionista de sábanas inesperadas, de historias que pudieron ser. Ella, la protagonista del libro que más me gusta leer.

NO HAS ENTENDIDO NADA

La respetas, porque es tu madre. A tu hermana que tan dignamente sacó adelante a la familia nadie la tose a tu lado. Tus amigas son lo máximo, se bancaron a todos y ahora tienen los mejores expedientes para el doctorado. Retwitteas sobre el derecho al aborto de las mujeres y en ella, en ella admiras la fuerza de sus alas, la belleza de su libertad en movimiento... Pero no, siento decirte, chico, que no, no has entendido nada. La señora que cocina en la universidad. Mi prima de quince que está cansada de que la silben por la calle. La que estudia en las noches para cumplir su sueño de acabar la elemental. Aquella de la que te reíste por tener piernas gordas y usar shorts . Aquella a la que aún no conoces. La chica que encontrarás en un bar. Aquella a la que después acosarás. A la que escribirás mensajes y pedirás más, insistentemente...  No, ninguna de ellas quieren que las mires como a tu madre. No quieren ser tenidas en cuenta como si fueran tus amigas o tus hermanas y no, t...

ABYA YALA

Mis pies rasgan el suelo. El camino. Despejando de piedras cualquier incertidumbre o falsedad. Son las seis de la mañana.  Había tomado un mp3 prestado, una libreta y el deseo de volver a enamorarme. Según la báscula de la farmacia mi mochila pesaba exactamente siete kilos con doscientos gramos, pero sobre mi espalda cargaba con cerca de sesenta y cinco kilos más. Él me había ido dejando, de a poco, a días, a ratos y yo había quedado tan desdibujada, tan al descubierto, que sentía que necesitaba huir de Madrid.  Cada mañana, al ritmo de unas letras que ya siento mías , parte de mi álbum familiar, cruzaba la calzada y entraba al polvo y y su silencio infinito, y sin prisas, sin juicio, me dejaba caminar.  Hoy, cansada de obedecer a guardias y semáforos y perdida en un mundo que me obliga continuamente a entender, a esperar, me han vuelto con fuerza las ganas de recorrer a pie cada una de las heridas, de airear mis lágrimas en lo alto de un acantilado y de ama...