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AL LADRÓN

No, no me llamaste. No descolgaste el teléfono, ni rescataste mi número de una agenda olvidada.  No, no fuiste tú.  Mi corazón judeo cristiano,  mi caridad de los domingos y esta estúpida conciencia azul hicieron añicos mi orgullo de mujer herida una tarde en que bostezaba el sol.  Y entonces, una voz contestó al otro lado de la línea  sin decir ni mu ,  y una hora y un lugar se me vinieron a la cabeza. ¿Robarte una tarde, mi amor?  Si es que creo que perdí la media...

A OSCURAS

A oscuras para esquivar al nuevo día,  para evitar que éste se grabe sobre sus sueños aún en cama a medio día,  se abraza fuerte al presente y recuerda que él la ama todavía .

LOS DÍAS CONTADOS

Como cada sábado, a las diez, reclama al sueño mi despertador. Aunque esta vez nadie lo recibe en casa.   Sorteo caras apesadumbradas y soñolientas. Estoy en el metro. Cuarenta minutos después, a mi llegada, una sala no lo suficientemente cuadrada garabatea gestos nerviosos por no conocer(se) o conocer demasiado. Finalmente acabaré siendo una esposa sometida, a la par que exigente, una aprendiz vegetal que poco a poco aprende a recoger el agua con sus labios, un rosal que reblandece a golpe de abrazo su tronco anquilosado.  ¿Y tú, quién eres? A nadie le importa lo que hago, pienso, mientras me esfuerzo en dejar bien perfilado el boceto que bien enmarcado lucirá sobre el gotelé . Yo soy quien encierra sus sueños, sus poemas, sus dibujos, en una discreta cajita y esconde la llave allá donde nadie puede mirar. Yo soy quien -me- condena al olvido tantas imágenes hermosas y quien silencia tantas palabras, tantos signos de puntuación, memorizando cada interlineado, cada no...

CORAZÓN DE CRISTAL

Mi corazón de cristal* estalló en pedazos aquella primavera.  Hoy, después de vivir un verano sin ti  ya no se contenta  refleja y reflecta tus claros y oscuros en mí para que nunca se detengan estas ganas de vivir y el tun tun acompasado de este corazón vidriado y el otoño que hoy comienza. *Los griegos llamaron cristal al cuarzo, κρνσταλλοσ, es decir, carámbanos de extraordinaria dureza y muy fríos. En la estructura cristalina de los materiales inorgánicos, los motivos repetitivos son átomos o iones enlazados entre sí, de modo que generalmente no se distinguen unidades aisladas y de ahí su estabilidad y dureza.

MARCHARSE

Todo es tan artificial. Las sonrisas. Los méritos. Esa costumbre de preguntar qué tal sin esperar respuesta alguna. En la habitación reina el silencio. Las palabras viajan de un tabique a otro sobre mí, sin apenas rozar el campo de acción que pueden abarcar mis brazos. A ratos lo intento. A ratos me frustro y entiendo que es mejor caminar, salir de esta cuadrícula y respirar profundo. No entiendo en qué momento el cuadro de mandos viró y la escena cambió dejando caer sobre el suelo telones y decorados. Me pregunto "¿Qué hago aquí?", "¿Debería estar en este lugar o en otro lado?" y no hallo respuesta a esta cantinela diaria que amenaza con enquistarse. Quizá todo sería más fácil si me marchara. Quizá marcharme es la última parada y aún quedan montañas que subir y bajar, subir y bajar, subir y bajar, subir y bajar.  Quizá huir sería lo más fácil para todos, pero no sería justo para mí.

NI CONTIGO NI SIN TI

Su relación era como los puercoespines de Schopenhauer: si se acercaban demasiado con el fin de calentarse, se lastiman con sus púas; si no, temblaban todo el invierno de puro amor*. *Un día crudísimo de invierno, en el que el viento silbaba cortante, unos puerco-espines se apiñaban, en su madriguera, lo más estrechamente que podían. Pero resultaba que, al estrecharse, se clavaban mutuamente sus agudas púas. Entonces volvían a separarse; pero el frío penetrante los obligaba, de nuevo, a apretujarse. Volvían a pincharse con sus púas, y volvían a separarse. Y así una y otra vez, separándose, y acercándose, y volviéndose a separar, estuvieron hasta que, por fin, encontraron una distancia que les permitía soportar el frío del invierno, sin llegar a estar tan cerca unos de otros como para molestarse con sus púas, ni tan separados como para helarse de frío. A esa distancia justa la llamaron urbanidad y buenos modales.  (Los Puercoespines, Schopenhauer).

ADIÓS

Esta casa está podrida. Las maderas ya huelen y la humedad amenaza tormenta, derrumbamiento.  Retomo mi viejo diario para escribir las últimas palabras de este episodio tedioso y hostil. Nunca más me haré fuerte en un pequeño agujero donde no se me quiere. Nunca más me convenceré de que debo demostrar que estoy por encima de nada o de nadie. Nunca más dejaré que me pisoteen aunque sea en silencio y cada vez que me vuelvo o abandono el cuarto. La humildad y la grandeza no son producto del trabajo ni quedan ancladas a los muebles o paredes de una habitación.  La humildad y la grandeza desaparecen y vendrán conmigo allá donde en verdad me quieran. No volveré a permitir que ningún ser mezquino me dañe en lo más mínimo. No volveré  a esta casa. La veré caer desde la distancia.  Adiós .