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TUS DESAYUNOS

El jueves soleado dice adiós como un niño malhumorado. Las suelas gastadas del viernes ya están aquí, cargadas de lluvia y reproches vagos.  Pero a pesar del frío yo no me quiero marchar.  Quiero quedarme abrazada a ti comiendo cruasanes de chocolate sobre tu boca.

AÚN

Estoy harta de beberme el tiempo como un cubata, de camuflarlo entre el hielo y que me queme la palma y los dedos. Harta de mentirme, de creerme, de echarte de menos, de sentirte parte de mí cuando estás tan lejos. Estoy harta pero al mismo tiempo, avivo las llamas destructoras que me devoran por dentro. Y si camino cabizbaja por los pasillos del Metro no es porque ya no crea en nada es porque aún te quiero.

SILENCIO

Ni llamadas, ni cartas, ni mensajes al móvil o palomas mensajeras; prefiero que sea mi recuerdo quien hable por mí, quien conjugue los verbos y construya las perífrasis verbales. El olor de mi pelo, mis curvas en el baño de aquel bar, la plática de mis ojos... [espacio para completar].  Mi recuerdo, porque sabes bien que jamás podrás olvidarlo.

PALABRAS DE GARRAFÓN

"Bajaré las estrellas del cielo cuando el hielo escasee y tú quieras ponerte otro cubata".  La fiesta acabó y ella se marchó, sola, con su vaso largo a casa.

MADRID

En Madrid, algunas muchachas dejan caer su amor en las aceras.  Quizá piensen que nadie les ve.  Quizá anhelan que alguien las vea.

SÍES Y HABITACIONES COMPARTIDAS

Prefiero acostarme con un par de rubias tontas a fingir que ciertas conversaciones me interesan. No me gusta compartir mi espacio. No es algo a lo que crea que pueda acostumbrarme jamás; a menos que, más que erizarme los pechos, sepas qué hacer cuando me encuentres llorando en el baño. Sí, a veces bebo para provocarme el sueño y ahorrarme todo el eso del cuál era tu nombre  y a qué te dedicabas . Prefiero acostarme con un par de rubias tontas en el cuerpo a tener que fingir que vuestras conversaciones me interesan. Sí, alguien debería hacerse responsable de haberme engendrado. Y yo debería, en cambio, hacerme cargo del deseo que provoco en los demás.  Sí, tendría que haber agarrado el abrigo, afuera nieva.

VENTANAS II

En el alféizar de la ventana descansan mis zapatos.  Fuera se escucha el bote de un balón, la reminiscencia de mi infancia proyectada sobre una pequeña escuela.  Hace días que no la veo. Ya no se asoma a saludar ni a presumir de vestido los domingos. Tengo miedo de que la ventana haya dejado de ser para ella lo que es para mí: el acceso al mundo y a los demás. Temo que al no poder observarla me sienta sola en esta ciudad.