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DE AVANZAR

La primera vez debería terminar con un "te amaré siempre", y no con un teléfono descolgado y ganas de bajar a la calle a verte con tus colegas.  Conocí a Samuel en una especie de campamento de verano. Él tenía 15, yo, 16, así que no se puede decir que fuéramos especialmente jóvenes. Fue el flechazo adolescente más bonito y emocionante que una niña monjil y marimacho como yo hubiera soñado jamás: dos chicos de entornos y regiones diferentes comienzan una conversación absurda (¿qué no lo es a los 15 años?), e igualmente alejados de casa de sus padres descubren que pueden hacerse reír durante horas. Un día después están robándose besos furtivos en un pabellón.  A este principio hollywoodiense le siguieron celos, desilusión y un final tan obsesivo como triste, porque sin más, él primero desapareció, luego me negó la palabra y finalmente buscó cobijo entre los pechos de mi mejor amiga. Y es que era un niño y yo, la más boba del recreo. Y lo digo así, sin acritud, porque hoy, ...

UNA PIEDRA ES UNA PIEDRA

Siddhartha se inclinó, levantó una piedra del suelo y la sopesó en su mano. —Esto —dijo jugueteando— es una piedra, y dentro de un tiempo determinado quizá sea tierra, y esa tierra se convierta en planta, animal o ser humano. Pues bien, en otro tiempo hubiera dicho: «esta piedra es tan sólo una piedra, carece de valor y pertenece al mundo de Maya; pero como en el ciclo de las transformaciones tal vez llegue a convertirse en hombre o en espíritu, también he de otorgarle un valor.» Así hubiera pensado yo antes. Ahora, en cambio, pienso: esta piedra es una piedra, pero es también animal, también es Dios, también es Buda; la amo y la respeto no porque algún día pueda llegar a ser esto o lo otro, sino porque es y ha sido siempre todo. Y la amo precisamente por esto, porque es piedra y en este momento se me presenta como tal; y descubro un valor y un sentido en cada una de sus venas y concavidades, en el amarillo, en el gris, en la dureza, en el sonido que emite cuando la golpeo, en la seq...

TIEMPOS MODERNOS

"Nena, eres maravillosa pero Mariola está más buena que tú. De todas maneras, hagamos una cosa, sigamos acostándonos hasta que yo me canse, al fin y al cabo, te hago un favor porque aún no alcanzaste los 360 días cotizados".  El mercado laboral es un gran burdel donde tratar de establecer una relación seria es tan complicado como caminar por la Gran Vía un viernes en un día de sol.

PERMISO PARA ATERRIZAR

Desde las calles donde nunca pasa nada, donde he comprendido que la poesía me sale de los nudos en la garganta, mientras espero impaciente una llamada y tú cruzas el umbral de un arco de seguridad que me dibujará una sonrisa mañana, sin saber bien hacia dónde va ese avión si es que te traía o te llevaba, sólo pienso en el billete para dos que sacamos hace 377 días para las Bahamas, y en que aún delgada y con el pelo a lo garçon atrayendo mil hombres a mi cama, yo no sería feliz ni fuerte, ni resolutiva, ni nada, porque no es eso lo quiero, te quiero a ti sonriente por la tarde y de mala gana en la mañana (así que no me falles, terminal 3, vuelo 6537 destino, mi almohada).

TRASQUILÓN

Y a la salida del trabajo tuve que correr a la peluquería, porque la soberbia con que cortaste mi esperanza el jueves anterior, me dejó un trasquilón junto a la oreja izquierda.

LO SIENTO NO PUEDO EVITARLO

Llámenme soberbia, prepotente e intolerante, no seré yo quien les quite la razón. Cada día me cuesta más poner cara de atención cuando siento que quien tengo delante sólo escupe estupideces. Paso más horas con gente superficial que dentro de mi cama y eso acaba por quemar a cualquiera – por muy ignífuga que se crea una -.

REFLEXIONES DESDE LA CASETA

El café sólo no, con leche. Calcetines de rayas, pasa de ejecutivos. Para caminar, lo mejor, no cargar con nada. Es fácil saber lo que no se quiere, otra muy diferente es, que eso no llegue a realizarse. ¿Y si la leche se acaba y no hay más en la nevera? ¿Y si en la oficina no toleran el aspecto informal? ¿O si está lloviendo a cántaros y tienes que cruzar de una punta a otra la ciudad? Madrid se vuelve especialmente odioso los domingos, cuando le da por llorar. Oprime las calles con sus ahogos y los automóviles pierden la adherencia de sus neumáticos y colisionan contra los corazones de las muchachas. “Este autobús se va a cocheras. Fin del trayecto”. El chofer despacha de malas maneras a una pareja de ancianos, un grupo de adolescentes y una adolescente despistada. “Ahora nos harán volver a pagar, ¡podía haber avisado antes!”, el resorte gemebundo de la tercera edad salta al instante. Arranca la larga espera. Vuelve a casa tras una larga jornada en “la caseta”, un r...